La señora Figueroa estaba visiblemente insatisfecha.
Ella no necesitaba que nadie la acompañara; su única intención al pedir que fueran juntos era unirlos como pareja.
Al escuchar la negativa de Damián, su rostro se endureció:
—Está bien, no vayas. Pero a partir de hoy, cada viernes o sábado deberás traer a Bianca a la mansión familiar, y tú te quedarás con nosotras. No volverán a su casa en la noche, dormirán aquí. Hoy mismo los quiero de regreso a los dos. Cuando vuelva del templo, quiero verte aquí.
—Además, a partir de este mes, acompañarás a Bianca a sus revisiones prenatales al menos cinco veces. Y dormirás todas las noches en Villa Serena. Pondré a alguien a vigilar que así sea.
—Te encargarás personalmente de todo lo relacionado con el bienestar de Bianca: qué ropa usa, qué cosas necesita. Ya puedes ir preparando todo para la llegada del bebé.
—Si se me ocurre algo más, te lo haré saber.
La anciana estaba decidida a salvar ese matrimonio a como diera lugar.
Damián no se negó. Recibió una llamada relacionada con el trabajo y se despidió rápidamente.
La abuela no le dio más vueltas al asunto. Le pidió a Bianca que la esperara un momento mientras se cambiaba de ropa, pues quería que el Maestro del templo les leyera el destino a ambos.
Bianca se quedó sola en el comedor, desayunando sin prisa. De pronto, su teléfono vibró con un mensaje de la empresa, enviado directamente desde la oficina de presidencia. Obviamente, era una orden de Damián.
—*Como Asistente Ejecutiva, el nuevo proyecto y las condiciones han sido enviados a tu correo. Tienes hasta mañana para negociar con los funcionarios del gobierno y cerrar el trato bajo estos términos.*—
Bianca abrió el correo y vio que Damián había conseguido un nuevo acuerdo gubernamental.
¡La condición principal del trato era que el gobierno interviniera para que Melisa Serrano se uniera al Proyecto Génesis de BN Innovación!
Bianca apretó los palillos con fuerza. Aunque estaba de licencia, no había renunciado oficialmente, por lo que Damián seguía teniendo el poder de asignarle tareas.
Y al tratarse de un asunto oficial de la empresa, por contrato no podía negarse... a menos que renunciara. Pero sabía que Damián jamás se lo permitiría.
Mientras sus pensamientos daban vueltas, escuchó una risa burlona a sus espaldas.
—¿De verdad crees que usando a la abuela vas a recuperar el amor de mi primo? ¡Ahorra tus energías! ¡Incluso si Melisa no existiera, él jamás se fijaría en alguien como tú! Eres tan arrastrada que buscas cualquier excusa para pegártele.
Bianca se giró y vio a Bárbara. Pero antes de poder responder, la voz severa de la señora Figueroa resonó desde atrás:
—¿Otra vez estás molestando a tu cuñada?
Bárbara le tenía pavor a la anciana, así que miró instintivamente a Bianca.
En el pasado, Bianca siempre habría intervenido para calmar las aguas y hablar bien de ella.

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