Bianca volteó y vio a Xavier Soler acercándose con una expresión gélida.
Cuando intentó reanudar su camino, Romeo le cortó el paso y se apresuró a contarle todo a Xavier.
Xavier clavó su mirada en Bianca y le preguntó con una calma aterradora:
—Señorita Núñez, te casaste con Damián, pero, ¿se enamoró de ti? Estás esperando un hijo suyo, pero, ¿acaso le importas? Crees que atacando a Melisa con estos jueguecitos de celos lograrás que Damián te quiera? O peor aún, ¿crees que alguno de nosotros te tendrá el más mínimo respeto?
Esta vez, Melisa guardó silencio.
Ella tampoco soportaba a Bianca.
Le parecía inaceptable que, por pura envidia, fuera capaz de caer tan bajo. Y lo peor era que, tras ser descubierta, ni siquiera se sonrojaba, sino que intentaba irse como si nada.
Le parecía una actitud vulgar.
¡Estaba tan obsesionada con un hombre que había perdido la cabeza y se dedicaba a atacar a otras mujeres!
Bianca los observó a los tres con frialdad.
Si no fuera por la indiferencia y complicidad de Damián, ni sus mejores amigos ni su amante se atreverían a pisotearla de esa manera. Y mucho menos la acorralarían todos juntos sabiendo que estaba "embarazada".
Sin ánimos de perder el tiempo dándole explicaciones a gente que no valía la pena, fue directa:
—Yo ya renun...
—¡Estás despedida! —la interrumpió Xavier con voz tajante, sin darle la oportunidad de terminar la palabra "renuncié"—. Si no tienes ganas de hacer tu trabajo, empaca tus cosas y lárgate de la empresa. ¡Los daños que tu berrinche causen hoy serán resueltos por el departamento legal!
Las palabras murieron en los labios de Bianca, y de pronto, no pudo evitar soltar una carcajada.
Al ver su reacción, Xavier pensó que dudaba de su autoridad y aclaró con arrogancia:
—Damián me dio control total sobre este proyecto y sobre la asignación del personal. Tengo el poder suficiente para echar a la calle a una mujer tan calculadora como tú.
A un lado, Romeo la miraba con una sonrisa burlona, disfrutando del espectáculo.
Incluso Melisa la observaba con una frialdad absoluta.
Bianca no dejó de reír y respondió:
—¡Pues te lo agradezco infinitamente!
Dicho esto, se dio la vuelta y comenzó a caminar.
Esos tres le daban asco, sentía que solo de tenerlos cerca se le pegaba la mala suerte.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa