Bianca giró la cabeza y atrapó a Clara mirándola con una expresión que mezclaba asco y repulsión.
No le dio importancia. Ni siquiera consideró mencionar frente a todos los demás desarrolladores que acababa de hacer el trabajo de todo el departamento en menos de una hora.
Su plan era usar este primer reporte para evaluar quién del equipo tenía el intelecto suficiente para seguirle el ritmo, y reclutar a los mejores para su proyecto secreto.
Clara resopló ruidosamente.
—Llegas tarde en tu primer día, y ahora te la pasas chateando en el celular. ¡Qué asco de ética laboral!
Bianca no entendía en qué momento se había ganado el odio visceral de esa chica.
Sin perder la calma, se limitó a señalar la pantalla de Clara.
—La variable que te dije que corrigieras sigue igual.
Clara abrió los ojos como platos, ofendida hasta la médula.
—¿De verdad te crees la gran cosa? Eres una simple secretaria de cuarta que sacaron a patadas del Grupo Figueroa. ¡Tú qué vas a saber de tecnología! ¡No te metas en lo que no entiendes!
Clara giró su silla de golpe, dándole la espalda.
Esa mujer seguramente era la amante de alguien, pasando de cama en cama. ¡Quién sabe qué enfermedades contagiosas traía! Lo mejor era no respirar su mismo aire.
Bianca ignoró el berrinche infantil, tomó sus cosas y fue a revisar los servidores centrales.
A la hora del almuerzo, en el chat grupal de investigación de máxima seguridad, el Profesor Salazar, el Profesor Valente y Tomás Santillán recibieron la actualización masiva que Bianca acababa de subir.
El Profesor Salazar, inflado de orgullo, intentó mantener la postura y escribió:
'Sigue esforzándote, niña. Esto apenas roza lo aceptable. ¡No te confíes!'
El Profesor Valente, en cambio, perdió la cabeza en el chat:
'¡Deja de hacerte el duro, Salazar! ¡Debes estar saltando de alegría! Tres malditos equipos en mi laboratorio llevan meses intentando cruzar esta barrera... ¡y ella lo hizo en la hora de la comida!'
Tomás Santillán y Vicente Ávila leyeron en silencio, pero Tomás le mandó un mensaje privado directamente al perfil de Aro:
'Si no te hubieras retirado por ese estúpido matrimonio, hoy serías la dueña del mundo tecnológico. ¡Nuestra empresa ya estaría dictando las reglas globales!'
Tomás aún ignoraba la identidad del hombre con el que se había casado, y mucho menos sabía el infierno que había vivido.
Bianca se limitó a responderle con un emoji sonriente.
Mientras ella se tomaba un café tranquilamente, el laboratorio de Valente en el extranjero era un manicomio de celebración.



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