Incluso sin contar el imperio de Damián, un solo contrato con el Grupo Soler de Xavier era suficiente para que cualquier corporativo matara por él.
Odiaba a esos hombres con toda su alma, pero amaba el dinero. Y ahora mismo, lo necesitaba desesperadamente.
—Hay un detalle más —añadió Vicente, entrelazando los dedos—.
Damián exigió una reunión personal contigo.
—¿Con Aro? —preguntó Bianca, alzando una ceja.
—Así es.
—Ni en sueños. Diles que no.
Vicente se echó a reír; ya imaginaba que Bianca diría eso.
—Tu identidad está bajo máxima confidencialidad. Pero como él insistió tanto, sentí que debía advertirte. Es probable que intente contactarte por los canales seguros. Si te molesta, bloquéalo sin piedad.
Justo cuando Bianca iba a asentir, un toque ligero resonó en la puerta de cristal.
Era Melisa, que entró luciendo una sonrisa deslumbrante, radiante de confianza.
—Señor Ávila, Damián dice que terminaremos de revisar los detalles financieros en la cena.
Vicente revisó su reloj y asintió secamente.
Melisa ni siquiera dirigió una fracción de segundo su mirada hacia Bianca. Dio media vuelta y salió flotando como una reina.
Apenas pisó el pasillo, los ingenieros la rodearon como abejas a la miel, suplicándole que los "iluminara" con su sabiduría.
Al regresar a su lugar, Clara, después de lanzarle un par de halagos exagerados a Melisa, no pudo contener el chisme.
—Diosa, ¿de casualidad conoces a nuestra nueva asistente? Se llama Bianca. Alguien me dijo que antes trabajaba de recadera en el Grupo Figueroa.
—¿Asistente? —pensó Melisa, sintiendo un profundo desdén. ¿Acaso la perdedora de Bianca había rogado por un trabajo basura solo para seguirla hasta aquí e intentar amargarle la existencia?
Al final, seguía siendo una inútil.
—Sí, sé quién es —respondió Melisa con un tono gélido y aburrido.
—¿Y cómo entró aquí? Todos dicen que usó influencias. ¿Es alguna clase de genio de alguna universidad top o qué? —preguntó Clara, intrigada.
Melisa sintió que hablar de ella le ensuciaba la boca.
—Se pasó cinco años en la corporación Figueroa haciendo méritos para que la nombraran asistente... de un grupo de quince asistentes más. No tiene nada de especial.
Al escuchar eso, el rostro de Clara se desfiguró del asco.
—¿¡Qué!? ¿Una secretaria de cuarta usando palancas para ser la mano derecha del presidente Ávila? ¡Con razón llegó tarde en su primer día! ¡No tiene ética profesional!
En BN Innovación, el perfil más bajo de la plantilla tenía una maestría de las mejores universidades del país, y solo los dejaban hacer trabajo de soporte.

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