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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 87

La abuela todavía quería decirle algo a Damián para que valorara a Bianca.

Pero antes de que pudiera abrir la boca, Damián, que ya lo había entendido todo, hizo que Bianca saliera primero y dijo:

—Le juro que nunca me divorciaré de ella. Ya firmamos el acuerdo, ¿todavía desconfía? Cualquiera diría que ella es su verdadera nieta.

La abuela tomó la mano de Damián, y en sus ojos cansados brilló una chispa de fuerza:

—Confío en ti. ¡Nunca me has decepcionado! ¡Trátala bien, ella lo vale!

Damián la miró con una expresión indescifrable:

—Descanse.

Cuando regresaron a la habitación, Bianca se había acostado, dispuesta a dormir.

Damián también se acercó, apagó la lámpara de noche y se acostó en la cama.

No cruzaron palabra, y él actuó como si ella no estuviera allí.

A Bianca le pareció una situación absurda.

Estaban a punto de divorciarse y, sin embargo, no solo lo veía a todas horas, sino que ahora hasta compartían la misma cama.

Esto era lo que más había deseado en el pasado.

Pero ahora, solo sentía ironía... y un profundo rechazo.

Bianca ni siquiera recordaba cómo logró quedarse dormida, pero al abrir los ojos se dio cuenta de que, de alguna manera, había terminado acurrucada en los brazos de Damián.

El calor que irradiaba el cuerpo de él era tan alto que le resultaba extremadamente incómodo.

Además, sin saber por qué, sintió un fuerte calambre en el vientre.

Bianca frunció el ceño y contuvo la respiración mientras se apartaba lentamente de su abrazo.

Justo cuando apartó la mano de él, Damián abrió los ojos.

Sus miradas se cruzaron. Damián frunció el ceño y se sentó.

Sin dirigirle otra mirada a Bianca, se levantó y se dirigió al baño, como de costumbre.

Bianca guardó silencio por un segundo antes de hablarle a su espalda:

—En realidad, no hay nadie más en la habitación. Incluso si no dormimos juntos, la abuela no se va a dar cuenta.

Al escucharla, el hombre se detuvo, se giró hacia ella y permaneció callado.

Bianca notó su mirada, fría, tranquila y escrutadora.

Sintió una opresión en el pecho, pero continuó:

—Si tenemos que seguir viniendo a la mansión, puedo dormir en el piso, y además...

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