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Suplicando tu perdón romance Capítulo 11

Sienna lo miró como si le hubiera arrancado el alma. Luego, giró hacia su hermana. Tessa sonreía con satisfacción, saboreando cada segundo de humillación.

Y en ese instante, Sienna supo que no lo hacía por Alexis, ni por ella misma. Lo hacía por Melody.

Se arrodilló.

Tessa bajó la mirada, fingiendo modestia, pero no podía ocultar la sonrisa de victoria.

Alexis la observó con una punzada en el pecho.

Se dio media vuelta, incapaz de mirarla más. Se marchó, arrastrando su sombra.

—Al fin, hermanita —susurró Tessa, inclinándose hacia ella con veneno en los labios—. Estás donde siempre debiste estar: a mis pies.

Sienna alzó la mirada, con el rostro marcado por el dolor, pero también con una dignidad inquebrantable.

—Haz lo que quieras, Tessa. Pero recuerda esto… él nunca te va a amar.

Tessa sintió la herida en lo más profundo de su ego. Alzó la mano para golpearla, pero Sienna la detuvo con firmeza. Sus dedos sujetaron su muñeca con fuerza.

—¡Nunca te va a amar! —le repitió con los ojos encendidos de rabia y orgullo.

Entonces, la pequeña Nelly, furiosa por esa derrota inesperada, empujó a Sienna.

—¡Tía mala! ¡Te odio!

Pero ya nada importaba. Sienna se puso de pie, recogió al señor Pink, el peluche de Melody, que seguía tirado en el suelo, como testigo silencioso de la humillación.

Y con pasos firmes, se fue a ver a su hija.

***

Melody dormía profundamente en esa pequeña habitación del hospital. Su rostro estaba pálido, sereno, cubierto por el leve vendaje sobre la ceja. Parecía tan frágil, tan inocente, tan ajena al caos que se había desatado a su alrededor.

Cuando Alexis entró y la vio así, su mundo se quebró un poco más.

Se acercó en silencio. El sonido de su respiración era lo único que rompía el aire cargado. Se arrodilló junto a la camita y, temblando, tomó su pequeña manita entre las suyas. La besó con devoción, sintiendo ese amor feroz que solo un padre podía conocer.

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