Entrar Via

Suplicando tu perdón romance Capítulo 12

Alexis la levantó del suelo con brutalidad. Su fuerza contrastaba con la fragilidad de su cuerpo. Apretó sus mejillas con una mano temblorosa de rabia contenida. Acercó su rostro al de ella, tan cerca que podía sentir el temblor de sus labios, el aroma de su miedo… y aun así, deseó besarla. Su deseo era fuego, pero su odio era hielo.

—Bien —susurró con una voz grave que rozaba la crueldad—. Entonces harás lo que yo diga. Solo así podrás ver a tu hija. Pero si llegas a fallarme una sola vez, si te atreves a desobedecerme... no volverás a tenerla entre tus brazos nunca más.

La soltó de golpe. Sienna cayó al suelo como si se hubiese roto por dentro. Las lágrimas le nublaron la vista mientras su cuerpo entero temblaba. Sollozó, derrotada.

Aun así, se arrastró hasta la cama donde yacía su pequeña Melody. La abrazó con fuerza, temiendo que fuera la última vez.

—Nunca te perderé… —susurró contra su frente—. Haré lo que sea para protegerte. Mamá no es una mala mujer, te lo juro, mi amor… te lo juro.

Al día siguiente, el hospital le otorgó el alta a la niña.

—Puede irse. La deuda fue saldada —informó una enfermera sin saber que con eso firmaba otra condena para Sienna.

Ella cargó a su hija, la acunó contra su pecho con ternura. Iba a marcharse cuando una voz conocida la detuvo.

—¡Sienna! —Gustavo apareció, agitado, con la desesperación pintada en el rostro—. Me enteré de todo. Por favor, ven conmigo. Yo cuidaré de ti... y de Melody.

Sienna lo miró, titubeó, bajó la mirada. Su corazón latía como un tambor de guerra.

—¿Qué es esto? —gruñó una voz detrás. Alexis.

Sus pasos eran truenos. Su mirada, un puñal. Se acercó como una bestia reclamando lo suyo.

—¿Otro amante, Sienna? ¿Cuántos más hay?

Gustavo lo empujó con furia, sin pensarlo. Melody, asustada, rompió en llanto.

—¡Papito…! —llamó entre lágrimas, aferrándose al cuello de su madre.

Alexis no lo toleró. Arrebató a la niña de los brazos de Sienna con violencia.

—¡Súbete al auto, Sienna! Te vas conmigo. Ahora.

Ella no respondió. Caminó hacia él, como quien camina hacia el abismo. Gustavo quiso detenerla, gritó su nombre, pero Sienna no miró atrás.

Él la observó alejarse, devastado, viendo cómo se marchaba una vez más hacia los brazos del hombre que la destruía.

"¿Aún ahora… siguen juntos? ¿Entonces de qué sirvió amarla tanto, causarle tanto dolor para nada…?"

***

Al llegar a casa, Alexis llevó a Melody a su habitación. La niña lo miró con ojos rojos por el llanto.

—¿Papi, ya no estás enojado conmigo?

Él le acarició el rostro, le besó la frente con una ternura rota.

—No, mi amor. Ya no. Descansa.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Suplicando tu perdón