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Suplicando tu perdón romance Capítulo 127

Al día siguiente, Sienna despertó con el cuerpo aún entrelazado al de Alexis.

La calidez de sus brazos era un refugio que no había sentido en demasiado tiempo, y por un momento, se permitió olvidar el mundo exterior, las preocupaciones y los problemas que la perseguían.

Cerró los ojos un instante más, sintiendo el latido de su corazón sincronizado con el de él, como si sus vidas respiraran al mismo ritmo.

Sus dedos recorrieron lentamente el contorno de su rostro, buscando en cada línea y cada gesto esa familiaridad que había extrañado, ese amor que siempre había sentido como propio.

Él entreabrió los ojos y la miró con dulzura, la voz baja, cargada de ternura:

—Hola, mi amor.

—Hola… —susurró Sienna, con la voz todavía adormecida por el sueño, pero con una chispa de alegría que iluminaba su mirada.

El timbre del teléfono rompió la burbuja que habían construido.

Ambos intercambiaron una mirada, indecisos, como si ignorar la llamada fuera posible.

Pero finalmente, Sienna tomó el teléfono. Al escuchar la voz del otro lado, su sonrisa se desvaneció de inmediato.

—¿Qué pasa? —preguntó, la voz temblorosa, intentando disimular la ansiedad que comenzaba a subirle por el pecho.

—Es el juicio de custodia de Nelly… tu mamá lo está peleando.

Sienna asintió en silencio. Sintió un nudo en la garganta, pero también una determinación firme.

—Vamos a hablar con ella —dijo Alexis, apretando su mano con fuerza, transmitiéndole seguridad.

***

Al llegar a la casa de los Molina, una tensión palpable se sentía en el aire. Pero la presencia de Alexis Dalton parecía cambiarlo todo: su porte, su voz, su mirada firme y segura hacían que incluso los más orgullosos se volvieran tranquilos y amables.

—Hijo, entiéndeme, quiero a mi pequeña Nelly conmigo —dijo Margarita, tratando de sonar maternal, aunque su voz estaba cargada de exigencia.

Sienna la miraba con rabia contenida. Cada gesto, cada palabra, le recordaba la hipocresía de aquella mujer, su falsedad disfrazada de preocupación.

—Nelly estará mejor con nosotros —respondió Alexis, con voz firme—. Retiren la denuncia y, a cambio, seguiré ayudando económicamente, como siempre he hecho.

Néstor no dudó ni un segundo.

—Claro que sí.

—¡Néstor! —protestó Margarita, pero su marido la interrumpió con un gesto seco.

—Cállate, mujer. Esto es lo mejor.

Margarita volteó a mirar a Sienna, su sonrisa forzada no alcanzaba a ocultar el desdén.

—¿Estás feliz, Sienna?

Sienna la miró con calma, con la seguridad de quién sabe que ha ganado una pequeña batalla, y sonrió.

—Margarita, estoy muy feliz —dijo, la voz firme, la mirada brillante de orgullo y alivio.

Al salir de la casa de los Molina, Sienna respiró profundo por primera vez en horas.

Alexis la miró, sus ojos llenos de ternura, y detuvo sus pasos.

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