El estruendo retumbó en toda la casa como un trueno que desgarraba la noche.
Tessa abrió los ojos de golpe, el corazón latiéndole como un tambor de guerra. El sonido había sido seco, brutal… demasiado real para ser un sueño.
A su lado, la pequeña Nelly se incorporó sobresaltada, con las manitas temblando, buscando refugio en el pecho de su madre.
—¡Mami… tengo mucho miedo! —sollozó, con los ojos enormes y húmedos.
Tessa le acarició el cabello con ternura, aunque su propia voz interior gritaba igual de asustada. La dejó arropada sobre la cama, como si las mantas pudieran protegerla de cualquier peligro, y salió corriendo.
Cada paso que daba por el pasillo parecía más pesado que el anterior.
El silencio, interrumpido solo por su respiración agitada, se volvió opresivo. La luz tenue de las lámparas dibujaba sombras alargadas en las paredes, como espectros que la seguían.
Al llegar a la biblioteca, se detuvo. Sus ojos se abrieron con incredulidad: Orla y Alexis estaban abrazados, tensos, como si la vida dependiera de ese gesto. La mirada de él ardía de una rabia contenida que parecía a punto de estallar.
Fue entonces cuando lo vio…
Un agujero, oscuro y perfecto, perforaba la pared de madera. No necesitaba ser experta para saber lo que eso significaba: un disparo. Un arma había hablado allí.
—¡Alexis! —su voz salió quebrada—. Estás… perdiendo la razón. No puedes dejarte consumir así, no por una traición. ¡Tienes que ser fuerte! Tú… no eres este hombre.
Él levantó la mirada, con un brillo helado en los ojos.
—La amo, Orla… —susurró—. No tengo nada. ¿Qué puedo hacer?
Orla suspiró, tratando de calmar la tormenta que crepitaba en él.
—Entonces… búscala. Al menos recupera a Melody. Siempre será parte de ti, la criaste cinco años. Y sobre ella… olvídala. Hay mujeres mejores. Solo… echa a Tessa de aquí, porque ella te perturba y sigue adelante.
Las palabras cayeron como piedras sobre Tessa, que escuchaba desde la puerta. Sintió que algo se desgarraba dentro de ella. Sus manos se cerraron en puños.
Rabia… una rabia fría que le heló el estómago.
—Hermano, sé fuerte —continuó Orla, apretando el hombro de Alexis.
Él asintió lentamente.
—No voy a morir… no por ella. Ya me mató una vez, no lo hará dos. Además… no he acabado con Sienna. Ella… pagará.
—La venganza solo te va a enloquecer… —susurró Orla, casi suplicante.
Él sonrió, pero era una sonrisa torcida, perturbadora.
—Ya estoy loco.
Tessa retrocedió sin hacer ruido, hasta que las voces quedaron atrás.
Entró en su habitación y apoyó la espalda en la puerta cerrada, intentando controlar su respiración. Sus puños aún temblaban.
Miró a Nelly, que dormía acurrucada, tan pequeña e indefensa.
"Si pudiera quedarme…" pensó, y de pronto, una idea se clavó en su mente como un rayo. Una gran idea.
***
Al día siguiente
Tessa entró en la sala con Nelly en brazos. La niña estaba pálida, casi translúcida, y respiraba con un hilo de aire.
Dormía profundamente, como si cada segundo de sueño fuera una batalla.
Orla, al verla, se levantó alarmada.
—¿Tessa? ¿Qué te pasa? ¡Estás temblando!

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