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Suplicando tu perdón romance Capítulo 33

Al día siguiente.

Tessa bajó lentamente por la escalera, con el rostro todavía adormilado por la pereza matinal, cuando una vocecita aguda y dulce llegó hasta sus oídos.

Aquella entonación inocente y risueña, aunque suave, le provocó un escalofrío inmediato que le recorrió la espalda.

Reconocía demasiado bien esa voz, y el recuerdo de a quién pertenecía le encendió una rabia que le subió de golpe a la cabeza.

Sus ojos se abrieron con incredulidad y, casi sin darse cuenta, apresuró el paso. Un par de zancadas más y la vio…

—¡Melody! —susurró con un tono que distaba mucho de ser afectuoso.

En su interior, una mezcla de furia y desconcierto le apretaba el pecho.

No podía creer que esa niña estuviera ahí, de pie, como si nada. Avanzó hasta ella y, sin contenerse, la tomó bruscamente del brazo, cerrando los dedos con fuerza sobre la frágil extremidad.

La pequeña soltó un quejido.

—¡Ouch, me duele, tía mala! —protestó con lágrimas comenzando a asomar en sus ojitos.

Tessa, con la mandíbula apretada, escupió las palabras:

—¡¿Qué diablos haces aquí, bastarda?! ¿Cómo volviste?

Melody la miró con gesto ofendido y una terquedad infantil que le ardía en el pecho.

—Yo no soy bastarda… tu mala, mala. —remarcó con su vocecita temblorosa.

La respuesta solo hizo hervir más la sangre de Tessa.

—¿Dónde está tu madre? —preguntó con una furia apenas contenida, su voz subiendo de tono.

Melody se encogió de hombros, un gesto que a Tessa le pareció una burla.

—¡¿Dónde está?! —insistió, ahora casi gritando—. Si volvió, ¡la mato!

La niña, con un coraje que parecía prestado, la empujó con sus pequeñas manitas.

—A mami no, ¡no pegues a mami! —exclamó, con una defensa que le salió del alma.

Ese acto despertó lo peor en Tessa.

Sin pensarlo, la empujó de regreso y Melody perdió el equilibrio, cayendo al suelo. El golpe no fue fuerte, pero sí suficiente para arrancarle un llanto desgarrador.

En ese instante, Nelly apareció desde el pasillo, y al ver a Melody sus ojos se iluminaron.

—¡Melody! —gritó con alegría genuina al ver de nuevo a su primita.

Pero esa felicidad duró apenas un segundo.

Tessa, veloz y fría, apartó a Nelly con una mano firme y se inclinó para susurrarle algo al oído, algo que la hizo fruncir el ceño.

—Pero… mami… —murmuró Nelly, sin comprender del todo.

El gesto tierno fue interrumpido por un pellizco fuerte en el brazo de Nelly.

La niña lloró al instante, con ese llanto agudo y quebrado que parte el alma.

Entre lágrimas, Tessa le quitó la boina roja que cubría su cabecita rapada, dejando a la vista su piel pálida y frágil.

—Ya está… —dijo Tessa con un tono cargado de falsa compasión, pero con un brillo calculador en los ojos.

Nelly sollozaba, intentando cubrirse la cabeza con las manos.

En ese preciso momento, Alexis apareció en la escena. Su figura imponente llenó la sala, y sus pasos resonaron en el suelo.

Observó a Tessa, que ahora fingía abrazar a Nelly con gesto protector.

—¡Melody! —dijo Tessa, fingiendo que la voz le temblaba—. No seas una niña cruel, no aprendas la maldad de tu mamá. No le digas a Nelly que es fea… ella está enfermita, por eso no tiene pelito ahora. Por favor, no seas cruel.

Alexis frunció el ceño.

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