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Suplicando tu perdón romance Capítulo 39

El trayecto hasta la casa fue silencioso, roto solo por el suave ronroneo del motor y el sonido de la respiración de Melody, que no dejaba de mirar por la ventana con ojos curiosos.

El camino bordeaba un sendero de árboles altos, cuyas copas se mecían como si saludaran a la pequeña.

Finalmente, el auto se detuvo frente a una majestuosa casa de fachada clara, con un amplio jardín cubierto de flores recién regadas que exhalaban un aroma fresco y dulce. El césped estaba tan perfectamente cuidado que parecía una alfombra verde, y un par de estatuas de mármol custodiaban el portón principal.

—Mami… —la vocecita de Melody rompió el silencio—. ¿Qué es aquí?

Sienna apenas pudo sonreír.

Antes de que ella respondiera, Félix giró en el asiento delantero, con esa calma reconfortante que parecía envolverlo todo, y pasó su mano grande y cálida por el cabello de la niña.

—Está, pequeña —dijo con suavidad—, es tu nuevo hogar.

Los ojitos de Melody brillaron.

—¿Es… la casa de mami?

Félix asintió con una sonrisa amable.

—Exacto. Aquí vas a estar segura.

Pero la alegría de la pequeña titubeó un instante, y sus labios se curvaron en una pregunta que cortó el corazón de Sienna.

—¿Y papi?

El nombre, pronunciado así, con esa inocencia, fue como una daga.

Sienna sintió un nudo apretarle la garganta.

Acarició la manita de su hija, buscando transmitirle calma.

—Por ahora, viviremos aquí, mi amor. Él es el tío Félix… llámalo así. Es tu tío, y te quiere mucho.

Melody ladeó la cabeza, observándolo con seriedad infantil.

—¿Eres un tío bueno?

Félix rio suavemente y asintió.

—El mejor que pueda ser para mi princesita.

La pequeña, sin dudar más, se inclinó hacia él y lo abrazó con todas sus fuerzas, como si sellara un pacto invisible.

Al cruzar el umbral, el interior de la mansión los recibió con un aroma a madera pulida y flores frescas.

Desde el salón principal, un hombre de cabello plateado y porte imponente los esperaba.

Era el padre de Sienna. Sus brazos se abrieron de inmediato.

—Melody, él es mi papá, es tu abuelito.

—¡Abuelito! —exclamó Melody, sorprendida pero feliz, y corrió hacia él.

El hombre la levantó del suelo con facilidad, riendo con alegría.

—¡Vaya, pero si eres tan bonita, eres un querubín.

Melody, feliz, volvió el rostro hacia Sienna y Félix.

—¡Tengo un tío bueno y un abuelito! ¡Soy muy feliz!

Sienna sonrió, y aunque esa visión le llenaba el alma, por dentro su corazón seguía resquebrajado, marcado por las heridas que el tiempo y las traiciones recientes habían abierto.

Félix, notando la sombra en su mirada, se acercó y le habló en voz baja:

—Todo va a estar bien, Sienna. No te vamos a dejar sola.

Ella asintió, intentando creer en esas palabras.

—Gracias, Félix. Gracias, hermano.

***

Mientras tanto, en la mansión Dalton, el ambiente estaba cargado de tensión.

Alexis entró al salón con pasos pesados, sus ojos fijos en Tessa. Sin decir palabra, la tomó del brazo con fuerza, obligándola a girar hacia él.

—¿Qué fue lo que hiciste? —su voz era un gruñido bajo, peligroso.

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