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Suplicando tu perdón romance Capítulo 45

Las palabras quedaron suspendidas en el aire como una sentencia de muerte.

Un silencio denso, casi sólido, se extendió por la sala, tan pesado que parecía cortar la respiración.

Oriana llevó una mano temblorosa a la boca, sus ojos abiertos como si acabara de presenciar una tragedia imposible de asimilar.

Orla, en cambio, se quedó petrificada, clavando la mirada en Sienna con una mezcla de incredulidad y espanto, como si buscara alguna grieta en su expresión que confirmara la acusación.

Detrás de todos, casi oculta por la sombra que proyectaban los cuerpos en tensión, Tessa no pudo evitar que una sonrisa fugaz, apenas un destello de satisfacción, curvara sus labios.

Fue un instante, el tiempo justo para saborear el caos antes de volver a cubrirse con la máscara perfecta de horror fingido.

Sienna, en medio de todos, sintió un nudo cerrarse en su estómago. No era miedo. No.

Era la furia fría y aguda que se enciende cuando se comprende, en un solo segundo, la magnitud de una emboscada.

Sus ojos pasaron lentamente de Alexis, al extraño que acababa de aparecer, y finalmente a Tessa… y entonces lo entendió todo.

Cada palabra, cada gesto, cada silencio, estaba calculado. Era una trampa tendida con precisión quirúrgica.

—Esto es un juego sucio… —susurró. Su voz fue baja, pero la firmeza con la que salió resonó como un golpe seco contra una mesa.

El hombre que había entrado dio un paso al frente, fingiendo que su voz se quebraba de dolor.

—Sienna… ¿No vas a reconocerme? Después de todo lo que hemos compartido… después de tantas noches… juntos.

Sienna lo interrumpió con un grito que estalló en las paredes como un trueno.

—¡Cállate! No voy a permitir que me difames con tus mentiras.

Alexis avanzó hacia ella. Su sombra se proyectó sobre su cuerpo como una amenaza tangible.

—Deja de fingir —su voz era baja, pero contenía una rabia que parecía a punto de estallar—. Todo encaja ahora. Este es el hombre del video… el verdadero padre de Melody. Ya no puedes seguir mintiendo.

Sienna lo miró de frente, sin parpadear, clavando en él una mirada que no pedía perdón ni concedía tregua.

—Pobre de ti, Alexis. Eres un hombre inseguro… tan inseguro, que harías cualquier cosa para destruir lo que no entiendes.

Un murmullo recorrió la sala.

Era como un roce de cuchillas invisibles, cortando la tensión y avivando el fuego de la sospecha.

Tessa se mordió el labio inferior, un gesto que mezclaba nerviosismo con la excitación de quien sabe que el drama está alcanzando su punto más alto.

—Hoy… —dijo Tessa, mirando a todos como si dictara sentencia— hoy se sabrá la verdad. Y si este hombre dice la verdad… —hizo una pausa dramática, mirando directamente a Sienna

—Este es tu amante, Sienna, y si lo es no habrá piedad en esta casa para ti. Te quitaré a Melody, porque no dejaré que una criatura inocente crezca junto a alguien tan vil como tú.

Sienna apretó los puños. La rabia le hervía en la sangre, pero no permitiría que la quebraran.

—¿De verdad, Alexis Dalton? —su voz era un veneno frío—. El que va a perderlo todo eres tú. Nunca podrás dar marcha atrás, y no quiero que lo intentes cuando sea tarde. —Señaló al hombre con un dedo firme—. Él no es mi amante. No lo conozco. Ni siquiera sé su nombre.

—¿De verdad? —sonrió el extraño con cinismo—. Hemos sido amantes desde antes de que te casaras con este hombre.

Sienna arqueó una ceja, sin perder la compostura.

—¿Ah, sí?

—Melody es mi hija, tú misma me lo dijiste. Por eso me quedé, aunque te casaras con él… por amor… y por mi hija.

La risa de Sienna fue seca, sin una pizca de humor.

—Hemos hecho todo juntos —continuó él—. Hemos tenido sexo en tantas posiciones… que nadie te conoce como yo.

Alexis, cegado por la furia, lanzó un puñetazo al rostro del hombre.

El golpe resonó y el extraño retrocedió, asustado.

Sienna no pudo evitar reír. Esta vez, su risa sonó como un desafío abierto, como si se burlara de todos.

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