Entrar Via

Suplicando tu perdón romance Capítulo 46

—¡¿Qué has dicho?! —exclamó Alexis, con la voz quebrada, como si de pronto el suelo se desmoronara bajo sus pies.

—¡Orla, no mientas por Melody! —gritó Tessa, desesperada, aferrándose a las últimas hebras de control.

Orla levantó en alto la hoja que tenía entre sus manos, con la firmeza de quien sostiene un arma letal. Su mirada ardía de indignación, pero también de justicia.

—¡Esta es la prueba, Tessa, y mejor cállate! —su voz retumbó como un trueno—. Aquí está escrito, con claridad, que Melody es tu hija, Alexis, tu hija de sangre. Esta es una prueba de ADN que realicé yo misma. No confié en rumores ni en palabras vacías. Tomé tu cepillo de dientes, recogí algunos cabellos tuyos y los comparé con la muestra de Melody. Cuando vi el resultado, no lo podía creer… Mi corazón ya lo sabía, pero necesitaba confirmarlo. Así que hice una segunda prueba para demostrar de una buena vez si Melody es o no mi sobrina. Y ahora no queda ninguna duda. Melody es tu hija.

Sienna, que hasta ese momento se había mantenido en silencio, sonrió con ternura, con esa sonrisa que mezclaba gratitud y dolor.

Su suegra y su cuñada siempre habían sido buenas con ella en el pasado, y ver cómo defendían la verdad le arrancaba lágrimas que no podía controlar.

Alexis, con el rostro desencajado, dio un paso hacia adelante. Le arrancó de las manos el documento a Orla con una desesperación casi animal.

Sus ojos recorrieron cada palabra, cada sello, cada cifra, como si temiera que aquello fuera solo una ilusión.

Sus pupilas se abrieron de par en par.

Y entonces las lágrimas comenzaron a brotar, imparables, mientras su voz temblaba con un grito que era mezcla de dolor y alegría.

—¡Mi hija! ¡Es mi hija! —vociferó, abrazando el papel contra su pecho, como si fuera el tesoro más valioso que había perdido y finalmente recuperado.

Tessa apretó los puños hasta hacerse daño. Su rostro estaba desencajado por la furia y la desesperación.

—¡Di la verdad, Orla! ¡No te dejes engañar, Alexis! Orla miente, seguro se confabuló con Sienna. Todo es una farsa… ¡Una mentira para manipularte! ¿Cómo puede ser que dos pruebas de ADN no coincidan? ¡No es posible!

Orla la fulminó con la mirada, cargada de desprecio.

—Yo no miento, Tessa. Nunca he necesitado de mentiras para vivir. ¿Quién crees que soy? Yo no manipulo, no invento. ¿Por qué temes tanto a la verdad? ¿Por qué quieres negar que Melody es hija de Alexis, cuando tengo pruebas irrefutables en mis manos?

Las palabras la atravesaron como cuchillas.

Tessa retrocedió un paso, como si la hubieran empujado contra un abismo invisible.

Su respiración era agitada, y su orgullo empezaba a resquebrajarse.

Fue entonces cuando Sienna, con voz firme, aunque temblorosa por la emoción, habló.

—Si aún dudas, Alexis, puedes hacer mil pruebas de ADN más. Yo no tengo miedo. ¿Acaso lo olvidaste? Fuiste el primer hombre que tocó mi cuerpo, ¿o es que eres tan cobarde que prefieres negarlo? —sus ojos se llenaron de lágrimas, pero su mirada no vaciló—. Aunque quieras negarlo, aunque duela, siempre fuiste el único. Pero escucha bien: me perdiste, Alexis. Me perdiste a mí… y casi pierdes también a tu hija.

Su voz se quebró, pero no retrocedió.

Dio media vuelta, y con un impulso desesperado, salió corriendo hacia la puerta.

—¡Sienna! —gritó Alexis, su voz cargada de angustia, y fue tras ella sin pensarlo dos veces.

Afuera, un auto negro, elegante y lujoso, esperaba con el motor encendido.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Suplicando tu perdón