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Suplicando tu perdón romance Capítulo 47

Gustavo estaba nervioso, demasiado nervioso.

Sentía cómo el sudor frío le corría por la frente mientras sostenía el teléfono temblando.

Aquellas palabras que había escuchado lo atormentaban como cuchilladas en su mente.

Apenas pudo procesarlas, colgó la llamada con manos temblorosa. Conducía.

La noche se cernió sobre él, pensó en Sienna la llamó una y otra vez, luchando contra la impaciencia, contra el miedo de que ella no quisiera responderle.

Al fin, tras varios intentos desesperados, la línea se abrió.

—Sienna… —dijo con voz entrecortada.

Ella no le dejó siquiera respirar en calma.

—Tenemos que hablar, Gustavo.

Aquella frase, pronunciada con un tono firme, lo atravesó como una daga.

Era la voz de alguien que se prepara para una confrontación inevitable, y Gustavo lo sintió en la piel.

—Entiendo… estoy enterado, Sienna. Y quiero hablar, aclarar todo lo que pasó. ¿Podemos vernos mañana temprano, en el café central? —pidió con voz suplicante,

—Bien. Te veré ahí a las diez de la mañana.

Sienna colgó sin añadir nada más. El silencio que quedó en el aire era más cruel que cualquier grito.

***

—¡Demándalo, hermana! —exclamó Félix una voz a su lado—. Lo que ese hombre hizo es atroz.

Sienna dudó. Sus manos temblaban al abrazar sus propios brazos.

—Gustavo… puede ser inocente. Además, es mi amigo —respondió con un hilo de voz—. Créeme, me ha ayudado en mis peores momentos.

Félix soltó un suspiro largo, casi de frustración.

—Bien, si eso dices… te voy a creer. Pero escucha, yo voy a conseguir al mejor abogado si decides divorciarte. Y pelearás por la custodia de Melody al cien por ciento.

Sienna se derrumbó en la silla.

Sus hombros temblaban, y parecía que todo su peso caía sobre ella como si ya no pudiera sostenerlo.

—No sé qué quiero, Félix… —murmuró, sintiéndose perdida, atrapada en un laberinto de emociones y traiciones.

Él tomó su mano con fuerza, como si quisiera transmitirle la seguridad que ella no tenía.

—Sí, sabes lo que quieres, hermana: divorciarte. Además, no puedes volver con ese imbécil de Alexis Dalton. Arráncalo de tu corazón, de tu vida. Mereces otra oportunidad, otro hombre, alguien que de verdad te valore. Cásate con alguien mejor, yo me encargaré de buscar al mejor partido… un verdadero padre para mi sobrina.

De pronto, un grito infantil interrumpió aquella conversación cargada de decisiones adultas.

—¡No!

La voz de Melody, dulce, pero quebrada por el llanto, los sorprendió.

La pequeña corrió con lágrimas en los ojos, abrazando con desesperación a su osito de peluche.

—Mi papi… es tontito, pero… es mi papito. Mami, ¿puedes perdonar a papito y que seamos como antes? —imploró con voz temblorosa.

Sienna sintió cómo su corazón se desgarraba.

Corrió hacia su hija y la estrechó con fuerza contra su pecho, como si quisiera protegerla del mundo entero.

Félix bajó la mirada. El dolor de su sobrina lo atravesaba, pero no podía ignorar la realidad.

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