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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 157

Lucía estaba discutiendo el asunto de la familia Soler con Julio.

A los Soler solo les quedaba una pequeña fábrica de manufactura.

Lucía le explicó a Julio toda la información que había recopilado. Su hermano tenía buen corazón, así que estuvieron analizando opciones durante un buen rato. En medio de la charla, Horacio García entró a la oficina. Al ver a sus dos hijos discutiendo asuntos de negocios, le sonrió a Lucía, le acarició la cabeza con cariño y volvió a salir.

Por la noche, Camilo la llamó para invitarla al cine.

Desde lo del pastel de cumpleaños, parecía buscarla con mucha más frecuencia.

Antes jamás la invitaba a salir entre el lunes y el jueves.

Lucía lo pensó un momento y decidió aceptar.

Le pidió a Alicia Cisneros que llevara el auto de Isabel al autolavado y se lo entregara en su casa. Luego, ella volvió a su propia casa, tomó uno de los autos de su familia y condujo hasta la universidad.

Esa noche, fueron a ver un partido y luego a cenar.

Sin embargo, en el restaurante se toparon de nuevo con Alejandro Zavala y Jimena.

Camilo saludó a su hermano y luego guio a Lucía hacia la mesa que había reservado.

Al sentarse, comentó: —Mi hermano ha estado viendo casas últimamente. Supongo que ya quiere casarse.

Lucía se quedó paralizada un segundo y asintió.

El amor verdadero, o la falta de él, era demasiado evidente.

En su vida pasada, tras casarse con Alejandro, siempre vivió bajo el mismo techo con sus suegros y su cuñado. ¡Alejandro jamás compró una casa para ellos! Pero ahora que se trataba del amor de su vida, una casa propia era indispensable.

Pero Lucía no quiso seguir dándole vueltas a lo injusto que era todo. Se sentó junto a Camilo y ambos se enfrascaron en mirar el menú. Poco después, Alejandro y Jimena se acercaron y se sentaron frente a ellos.

Lucía y Camilo cruzaron miradas y bajaron los menús. «...»

Camilo rompió el silencio: —¿Hermano?

—Es más entretenido comer todos juntos —respondió Alejandro.

Eso no solo tomó por sorpresa a Camilo y Lucía, sino también a Jimena, que volteó a mirar a Alejandro...

Alejandro se dirigió a Lucía: —¿En qué has estado ocupada en la empresa? Escuché que el Consorcio García está enfocado en desarrollar un Sistema de Gestión de Baterías BMS.

Lucía hizo una leve pausa, miró a Alejandro y desvió la mirada con indiferencia: —Mi hermano es quien siempre se encarga de los asuntos del Consorcio García, yo no entiendo nada de eso...

Jimena esbozó una leve sonrisa. —Alejandro, ¿cómo va a entender Lucía de esas cosas? El simple hecho de que pueda trabajar en el Consorcio García ya me parece un gran logro.

Ese comentario era un halago envenenado, pero Lucía no tenía ganas de discutir.

En ese momento, llegaron los platillos. Como Camilo y ella ni siquiera habían ordenado aún, era obvio que esa era la comida que Alejandro y Jimena habían pedido...

Las porciones eran lo suficientemente grandes para los cuatro.

El gerente del restaurante se acercó a adular a Alejandro: —Señor Zavala, todo está preparado exactamente como lo pidió. Que disfruten su comida.

Su tono destilaba sumisión y cautela.

El gerente conocía a Alejandro, pero no a Camilo, por lo que su mirada casi ni se detuvo en él. Antes de retirarse, le dedicó una sonrisa complaciente al resto de la mesa e hizo una reverencia.

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