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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 687

Las patrullas marítimas se acercaron rápidamente por la retaguardia con las sirenas aullando. Las luces cegadoras de los reflectores dieron de lleno contra el casco del lujoso yate de la familia Jiménez, deslumbrando a los que estaban en la cubierta, impidiéndoles abrir los ojos.

Tras abandonar su moto acuática y subir a una de las patrullas, Alejandro Zavala ordenó bloquear toda la ruta marítima. Las lanchas rodearon el yate de los Jiménez por todos los flancos, acorralándolos. Sin escapatoria, la familia no tuvo más remedio que reducir la velocidad y detenerse en medio del mar.

Las lanchas se acercaron gradualmente al yate. Los cascos de las embarcaciones se balanceaban ligeramente con las olas. Aprovechando el breve instante en que rozaron, Alejandro dio un salto ágil y aterrizó con firmeza en la cubierta enemiga.

Sus zapatos de cuero negro pisaron la madera con tanta fuerza que el estruendo hizo dar un vuelco al corazón de los presentes.

Los Jiménez, que ya tenían los nervios a flor de piel, palidecieron de terror al ver a Alejandro abordar el yate.

Las pupilas de Doña Clara de Torres se contrajeron. El pánico anuló su razón en un instante; sin pensarlo, levantó un arma y apuntó directamente al pecho de Alejandro, gritando con fiereza: —¡No te acerques! ¡Un paso más y disparo!

Los oficiales que abordaron tras Alejandro reaccionaron a la velocidad del rayo. Desenfudaron sus armas al unísono, y en un abrir y cerrar de ojos, múltiples cañones apuntaron directamente a Jimena Jiménez, a Doña Clara y al resto de la familia en la cubierta.

A Doña Clara le tembló violentamente la mano que sostenía el arma, y gran parte de su furia asesina se esfumó. Sabía perfectamente que no podían enfrentarse a los oficiales; resistirse solo empeoraría su condena.

Los tensos hombros de Jimena cayeron derrotados. La rebeldía en sus ojos se transformó en un gris ceniza.

—Nos rendimos —murmuró Jimena entre dientes, siendo la primera en levantar las manos en señal de sumisión.

Margarita de Jiménez ya estaba paralizada de miedo, aferrándose al cuerpo de Víctor Jiménez. Ambos se apoyaban mutuamente para no caer.

Por muy reacia que estuviera Doña Clara, al ver los cañones apuntándola desde todas direcciones, no tuvo más remedio que aflojar lentamente los dedos. El arma cayó con un sonido metálico sobre la cubierta húmeda.

Daniela temblaba de pies a cabeza y rápidamente alzó las manos. Javier Jiménez también salió de la cabina de mando. Todos se habían rendido.

Alejandro entró al salón del primer nivel y corrió apresuradamente hacia los baños del nivel inferior, pero no encontró a nadie.

Capítulo 687 1

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