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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 17

A la mañana siguiente, era sábado. Horacio García no pisó la calle en toda la mañana; se instaló primero a trabajar en su despacho y luego se atrincheró en el sofá de la sala a leer el periódico. Su estrategia era evidente: montar guardia para asegurarse de que Lucía no escapara y fuera con ellos a la mansión Zavala.

Al ver el panorama, Lucía se encerró en su habitación y marcó el número de Camilo Zavala, el hermano menor de Alejandro.

Si las familias estaban tan aferradas a emparentar mediante un matrimonio...

Entonces ella podía elegir perfectamente comprometerse con el joven universitario, Camilo Zavala.

Al fin y al cabo, también era hijo de los Zavala.

Tras explicarle el motivo de su insólita llamada, Lucía añadió con un tono avergonzado: —Sé que suena una locura, pero esto no solo me salvaría a mí, también le quitaría un peso de encima a tu hermano. Camilo, ¿podrías hacernos este favor a los dos?

Al otro lado de la línea, Camilo guardó un largo silencio antes de preguntar: —Lulú, ¿cómo conseguiste mi número de teléfono?

¡Lucía sintió un balde de agua fría!

En su vida pasada, él había sido su cuñado. A menudo, Doña Leonor le pedía que lo recogiera en la universidad o que le llevara ropa limpia, así que se sabía su número de memoria. Pero en esta vida, Camilo había estudiado la preparatoria en otra ciudad, y al regresar a Puerto Coral para la universidad, había cambiado de número. Jamás se lo habían intercambiado directamente.

—Yo... se lo pedí a un conocido.

Evitó dar nombres para no hundirse más.

—¿Entonces, me ayudas?

Camilo respondió con suavidad: —Si de verdad ayuda a mi hermano y a ti, claro que lo haré.

Lucía soltó un suspiro de alivio absoluto. Camilo siempre había sido un pan de Dios.

Era millones de veces mejor persona que Alejandro.

—¿Pero crees que a mi hermano le parezca bien?

Lucía soltó una carcajada amarga: —Te aseguro que le da exactamente igual. De hecho, debe estar rezando para quitarse este dolor de cabeza de encima...

Camilo guardó silencio unos segundos, probablemente pensando que ella estaba exagerando. Finalmente dijo: —...Haré lo que me pidas.

—¿Estás en casa hoy, Camilo?

—Sí, estoy en casa.

Lucía colgó el teléfono, con el pecho hinchado de victoria. Era una propuesta absolutamente escandalosa, ¡y Camilo había aceptado!

El hijo menor de los Zavala era definitivamente el más dócil y noble de la familia.

Bajó las escaleras sintiéndose más ligera que una pluma. Horacio seguía atornillado en el sofá. Se acercó y le dijo: —Papá, ¿no teníamos que ir hoy con los Zavala? Vámonos.

Al escuchar que Lucía tomaba la iniciativa de ir, el tono de Horacio se suavizó al instante: —¿Ya entraste en razón? Así me gusta. Ustedes los jóvenes se pelean y se arreglan, es el pan de cada día. No tires tu futuro por la borda por un berrinche. Alejandro tiene un carácter difícil, pero es un partido brillante. No le sirvas al hombre que quieres en bandeja de plata a esas trepadoras de la calle, al final la única que lo va a lamentar eres tú...

Mientras hablaba, Horacio sacó su teléfono e hizo una llamada rápida a la familia Zavala.

Al colgar, le pidió apresuradamente a su esposa que se arreglara para ir a almorzar a la mansión Zavala.

Capítulo 17 1

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