Entrar Via

Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 185

Esa mañana, Lucía no paró de recibir llamadas. Diego Paredes llamó para darle el pésame, también lo hizo Don Guillermo Zavala y varios conocidos más de la alta sociedad. Tras responder con cortesía a un par de ellos, se sumergió de lleno en el trabajo.

Alicia Cisneros, su asistente, entró a la oficina para presentarle su reporte.

Lucía le dio algunas instrucciones rápidas y, a mitad de una frase, soltó una tos seca.

Alicia se detuvo y la miró con preocupación. Lucía forzó una sonrisa. —Ve a preparar todo, la junta es a las nueve.

—Entendido.

Sin embargo, Alicia no se movió de inmediato. Viendo la palidez sepulcral de su jefa, no pudo evitar preguntar: —Señorita Lucía, ¿pudo descansar bien? Se le ve muy agotada.

—No es nada. —Lucía abrió un cajón de su escritorio y sacó un frasco de vitaminas—. Me tomo un par de estas y estaré como nueva.

—Voy a traerle un vaso de agua. —Antes de que Lucía pudiera detenerla, Alicia ya había ido por el agua y regresó en un abrir y cerrar de ojos.

Dejó el vaso sobre el escritorio. —Si necesita cualquier cosa, estoy a sus órdenes.

—Gracias, Alicia. —Lucía la observó salir de la oficina.

Su mente voló hacia el pasado. En su vida anterior, cuando el Consorcio García se fue a la quiebra, ¿qué había sido de Alicia y de las demás? ¿Adónde fueron a parar los miles de empleados de las fábricas que se quedaron en la calle?

No se engañaba pensando que Alejandro Zavala se habría hecho cargo de ellos. Su corazón siempre había tenido espacio únicamente para el Grupo Jiménez y para Jimena; jamás le importó si los empleados de los García vivían o morían.

Pero en esta vida, se juró Lucía, haría todo lo humanamente posible para mantener al Consorcio García en la cima.

Aun si su padre ya no estaba.

Al pensar en ello, sintió que un abismo se abría en su pecho. Cerró los ojos resecos por un instante, respiró hondo y volvió a clavar la vista en los documentos.

Un rato después, Julio entró a la oficina. Le acarició el cabello con ternura y sacó una pastilla de un blíster para la fiebre, obligándola a tomársela.

Lucía tragó la medicina y lo miró fijamente. —¿Gustavo Beltrán vino al funeral ese día?

—Sí —respondió Julio con un tono áspero—. Cuando Cristina estaba llorando, se le acercó a darle el pésame a ella, pero a mí ni me volteó a ver.

Capítulo 185 1

Capítulo 185 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero