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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 203

La jefa era realmente indescifrable.

Primero, cerró Inversiones Élite de un día para otro, como si nada.

No era que la empresa estuviera en quiebra; fue un cierre estratégico y voluntario. Dijo que no quería dejar cabos sueltos.

Y la nueva empresa no se había abierto ayer; llevaba operando medio año. Todo había sido planeado con anticipación.

—¿Esto no es ilegal? —habían preguntado.

Al otro lado de la línea, Lucía soltó una risa suave:

—Solo estamos haciendo que otros cometan delitos por nosotros.

...

Ese mismo día, Lucía tuvo que ir al dentista. Acostada en la silla reclinable, ella, que odiaba el dolor con toda su alma, se tensaba con cada roce de los instrumentos.

Con el rostro pálido y el ceño fruncido, respiraba agitada mientras apretaba la mano de Isabel Luna, gimiendo bajito.

La dentista era Mónica Luna, prima de Isabel. Llevaba su melena ondulada recogida en una coleta alta y el cubrebocas puesto.

Al ver la reacción de su paciente, se detuvo y bromeó con los ojos risueños:

—Lulú, por el amor de Dios, no hagas esos ruiditos frente a los hombres. No lo van a soportar. ¿No te das cuenta de lo hermosa que eres?

Isabel bufó desde la silla de acompañante:

—Qué va. Podría abrazarse a Alejandro Zavala como un koala y ese hombre no movería ni un músculo. Mi Lulú era la reina de la universidad, y él actúa como si estuviera ciego. No solo la ignora, sino que la dejó en la ruina...

Mónica no pudo evitar reír. Venía de una buena familia y conocía bien la reputación de Alejandro: el clásico chico perfecto, calculador, brillante y con intenciones insondables.

—¿Tanto autocontrol tiene ese muchacho?

Lucía bajó la mirada sin decir nada, y Mónica retomó su trabajo en la boca de la chica.

—A ver, ¿cuántos años tenías cuando te le colgaste como koala? —preguntó mientras ajustaba la lámpara.

Lucía seguía en silencio, con toda su atención centrada en el hueco de la encía. Le acababan de extraer un trozo de raíz y la zona aún sangraba. El dolor era tan agudo que sentía que la cara se le deformaba.

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