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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 206

Al segundo siguiente, Alejandro Zavala entró como una tormenta de hielo.

Venía flanqueado por un grupo de guardaespaldas trajeados, y la presión en el ambiente se volvió asfixiante.

Clavó sus ojos en Lucía con una frialdad absoluta:

—Lucía García, fuiste tú quien provocó el accidente, ¿verdad?

Lucía, que acababa de confirmar el borrado de su celular, se defendió de inmediato:

—¡Yo no fui! Estuve toda la mañana en el dentista, almorcé con mi madre y vine directo a casa. ¡No me he desviado a ninguna parte!

—Para matar a alguien no necesitas ensuciarte las manos —se burló Alejandro. Le arrebató el celular y revisó la pantalla—. ¿Restablecido de fábrica? Dime, Lucía, ¿qué secretos tan oscuros estás intentando ocultar?

Un destello de terror cruzó por los ojos de la chica. Ella no había tocado a Jimena, pero su comunicación con Alan y su red de inteligencia dependía del correo electrónico. Si Alejandro accedía a su computadora, todos sus planes quedarían al descubierto y sería el fin.

—Esa cara de pánico te delata. ¿De verdad fuiste tú? —Alejandro no esperó respuesta. Avanzó con pasos largos hacia las escaleras, decidido a irrumpir en su habitación para hurgar en su computadora y rastrear cada bit de información.

—¡Detente ahí! —El corazón de Lucía dio un vuelco. Corrió y bloqueó el paso en el descanso de la escalera.

Alejandro se frenó. Su imponente presencia parecía aplastarla.

—Quítate —ordenó con voz grave.

—¿Con qué derecho? —Lucía se aferró al barandal con nudillos blancos, irguiendo la espalda—. ¡Es mi habitación, son mis cosas! ¡No tienes autorización para husmear en mi privacidad!

Alejandro estiró el brazo para apartarla, pero ella resistió con uñas y dientes, forcejeando en los escalones.

—¡Lulú! —Cristina, aterrorizada al ver la escena, corrió para ayudarla.

—¡No te acerques, Cristina!

Alejandro le lanzó una mirada fulminante a Cristina, clavándola en el sitio por el miedo.

Por más que Lucía luchó, la fuerza de Alejandro fue abrumadora. La empujó lo suficiente para hacerla retroceder dos pasos, casi perdiendo el equilibrio.

Cristina la sostuvo.

—Déjalo que busque, Lulú. El que nada debe, nada teme.

Con pasos firmes y fríos, Alejandro subió al segundo piso y caminó hasta el final del pasillo.

Capítulo 206 1

Capítulo 206 2

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