Entrar Via

Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 208

Un atisbo de sonrisa se asomó en los ojos de Camilo.

—Así es. El cuerpo sobrepasa sus límites naturales. La velocidad de reacción, la fuerza explosiva y la capacidad de tomar decisiones en fracciones de segundo rompen todos los parámetros habituales.

Pensó por un segundo y añadió:

—Aunque claro, nunca lo he vivido. Solo lo he leído.

Salieron del hipódromo y Lucía lo invitó a comer.

Después, Camilo le dijo que debía ir al laboratorio de la universidad.

Había faltado a clases varios días y necesitaba ponerse al corriente con sus reportes.

Lucía lo acompañó. Se sentó en silencio en una esquina, viéndolo trabajar hasta que terminó.

Cuando por fin guardó su bata, Lucía miró el moretón en su labio y no pudo contener la pregunta que la atormentaba:

—¿Por qué fuiste tras Jimena?

Camilo guardó silencio por mucho tiempo. Finalmente, confesó en un tono bajo y áspero:

—Porque a mi hermano le gusta. Y lo que él más quiere, yo lo voy a destruir.

Lucía parpadeó, sorprendida.

—¿Por qué llegar a ese extremo?

Una profunda amargura inundó los ojos de Camilo. Cada palabra que soltó estaba cargada de hielo:

—Porque a la tutora que yo más quería en este mundo, él la destrozó con sus propias manos.

Lucía supo que no debía indagar más. Era una herida abierta y ajena.

No tenía idea de quién era esa tutora, ni qué atrocidades había cometido Alejandro para marcarlo de esa forma.

Se tragó sus dudas, pero planteó otra pregunta crucial:

—Entonces, ¿por qué esta vez le confesaste todo a tu hermano?

En su vida pasada, Camilo jamás había admitido su culpa. Se había llevado el secreto hasta las últimas consecuencias. Pero ahora, había puesto las cartas sobre la mesa voluntariamente.

¿Por qué hablar ahora?

Camilo la miró de reojo. Bajó la vista y respondió con monotonía:

Alejandro no reveló el nombre del culpable, simplemente dijo:

—Lo lamento, señora. Fue mi culpa que Jimena sufriera este ataque.

Al escuchar la disculpa del mismísimo Alejandro, el tono de Margarita cambió drásticamente, volviéndose dócil y complaciente:

—Alejandro, por favor, no te culpes. Al final del día, mi pobre Jimena no tiene un respaldo sólido que la proteja. Nuestra familia no está a tu nivel, ¿cómo podríamos reclamarte algo? Lo único que deseamos es que pronto formalicen su compromiso. Así, bajo tu protección, nadie se atreverá a usarla para dañarte ni tendrá que pasar por esto de nuevo.

Víctor y Doña Beatriz contenían la respiración.

Básicamente, lo estaban presionando para casarse...

Mateo Vicario alzó la vista discretamente hacia su jefe, pero la expresión de Alejandro era inescrutable.

Mirando el rostro pálido de Jimena, que aún dormía en la cama del hospital, Alejandro declaró:

—Cuando se recupere, nos comprometeremos oficialmente.

Margarita sintió que se le iba el aire del alivio, al borde de las lágrimas de felicidad. Los demás miembros de la familia celebraron en silencio.

Gracias a Dios. Al menos el accidente no había sido en vano. El sufrimiento de Jimena había asegurado su futuro.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero