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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 236

—Todo bien, no estoy tan ocupada. Mi mamá también siempre dice que la extraña, a ver cuándo nos reunimos a comer las tres.

Leonor y Jimena ya parecían madre e hija por la forma tan cercana en que hablaban mientras caminaban hacia la salida.

Lucía las seguía desde atrás.

Aunque Jimena se moría de ganas de voltear a ver la expresión de Lucía, logró contenerse y no miró atrás ni una sola vez.

Al salir, Lucía estaba a punto de decirle a Doña Leonor que ya no quería seguir viendo tiendas, pero antes de que pudiera, entraron a otro local.

Lucía no entró de inmediato. Sacó el celular y llamó a Julio:

—En diez minutos... no, en cinco minutos, llámame y dime que hay una emergencia en la empresa y que tengo que regresar de inmediato.

—¿Qué pasó? ¿Mamá te organizó una cita a ciegas? No me había enterado... —Julio creyó que una excusa así solo se usaba para escapar de citas arregladas.

Lucía suspiró.

—Julio... solo haz lo que te digo.

Había calculado mal la jugada ese día.

Por no querer ser grosera, había terminado metida en aquella situación insoportable.

Aún con el teléfono en la oreja, levantó la vista y vio a Doña Leonor haciéndole señas con la mano. No tuvo más remedio que guardar el celular a toda prisa y acercarse.

Doña Leonor sostenía una elegante bolsa de papel. Se la ofreció con un tono cálido pero firme, que no admitía un no por respuesta:

—Justo vi algo que te queda perfecto. Te elegí una pañoleta de seda, el diseño es muy sutil y fácil de combinar. Mírala, Lulú, ¿te gusta?

Lucía ni siquiera la miró.

—¿Cuánto costó? Le transfiero el dinero.

—No seas así, Lulú, hay demasiada confianza entre nosotras para formalidades...

En ese momento, varios directivos y empleados del centro comercial reconocieron a Doña Leonor. De inmediato, se acercaron a paso ligero, con actitud sumisa y extremadamente servicial, para invitarlas a la zona VIP a tomar té y algunos bocadillos. Doña Leonor asintió y, tomando a Lucía del brazo, la guio hacia un elegante salón de té.

—Hoy las invité a salir a ambas para que pasen tiempo juntas y charlen. Como en el futuro seremos familia, lo mejor es que se sientan cómodas entre ustedes; así yo también me quedo más tranquila.

Doña Leonor habló en tono sosegado:

—Alejandro me contó que ustedes ya se conocían de antes. Eso es excelente. Si alguna vez hubo algún malentendido por culpa de mi hijo, hay que dejarlo en el pasado. De ahora en adelante, somos familia.

Lucía se quedó pasmada un segundo.

Doña Leonor se levantó y la jaló del brazo.

—Vamos, Lulú.

Salieron juntas por la entrada norte del centro comercial.

Doña Leonor se acomodó su chal sobre los hombros y le dijo con una sonrisa a su acompañante:

—Alejandro dijo que vendría a buscarnos, y miren... ahí está.

Justo en ese momento, un imponente y majestuoso Rolls-Royce Cullinan negro se detuvo suavemente en el carril, imponiendo una presencia abrumadora con su sola carrocería.

La puerta se abrió y Alejandro se bajó del auto. Con su figura alta y recta y una mirada fría, caminó hacia ellas.

—Veo que no muestras ese mismo entusiasmo cuando te toca venir a buscarme a mí... —bromeó Doña Leonor entre risas, lanzándole una mirada a Jimena. Las mejillas de Jimena se tiñeron de un ligero rubor y bajó un poco la cabeza.

Tal vez no esperaba que Lucía estuviera allí. Los pasos del hombre no vacilaron en lo absoluto; simplemente le dedicó una mirada gélida y rápidamente volvió a clavar los ojos en Jimena, sin mostrar ni una sola emoción adicional, como si Lucía fuera solo un peatón más en la calle.

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