Nunca se imaginó que Lucas tuviera sentimientos por Lucía...
Inconscientemente, miró a su amiga, pero no vio ni un rastro de tristeza en su rostro. Al contrario, parecía aliviada, como si se hubiera quitado un peso enorme de encima. Sin detenerse un segundo más, Lucía se dio la vuelta y entró a su casa.
Adentro, Cristina Quiroga estaba consolando en voz baja a Julio, quien seguía de mal humor.
—Lucía hace todo por la familia, jamás nos haría daño. No deberías dejarte llevar por las provocaciones de gente de afuera...
Al verla entrar, Cristina se dirigió a ella:
—Tu hermano solo está preocupado por ti. Tienes que prometerle que esta será la última vez que haces algo tan peligroso.
—Lo prometo, Cristina, Julio. No volveré a hacer ninguna locura.
Tras decir esto, Lucía subió las escaleras, entró a su habitación y echó llave a la puerta.
De un cajón sacó un pequeño diente blanco. Lo sostuvo entre los dedos; era tan ligero que parecía no pesar nada, igual que su vida en la encarnación pasada.
Hacía medio mes, después de que Alan y su equipo terminaron con éxito su misión, ella canceló el alquiler de la casa en las afueras y les ordenó que abandonaran el país y regresaran a Estados Unidos.
Para evitar sospechas y proteger su ubicación, Lucía ni siquiera se presentó para despedirse de ellos.
Hacía unos días, la evidencia que habían recolectado fue entregada al Ministerio de Defensa Nacional. El general le prometió que el asunto no pasaría por las manos del gobierno de Puerto Coral. Ella misma vio cómo la secretaria archivaba los documentos.
Todo estaba listo. Solo faltaba que llegara mañana.
Pero, entonces, ¿por qué sentía tanto pánico en el pecho?
...
A la mañana siguiente, Lucía se despertó y estiró el brazo para alcanzar su teléfono en la mesa de noche.
Apenas desbloqueó la pantalla, la inundaron las notificaciones sobre el compromiso de Alejandro y Jimena.
Los titulares de los medios y sus mensajes no leídos en WhatsApp no hablaban de otra cosa:
«Alejandro Zavala, CEO del Grupo Zavala, adquiere mansión multimillonaria en la exclusiva zona de la colina.»
«El soltero más codiciado de Puerto Coral a un paso del altar: hoy se compromete con su novia.»
—En aquel entonces, ese motel no exigía identificación para registrarse, y como las grabaciones de las cámaras de seguridad son tan antiguas, ya no queda ningún registro.
—Sin embargo, volví un par de veces y hablé con una señora de limpieza que lleva más de tres años trabajando ahí. Me dijo que la ahora famosa Maribel Quintana trabajaba como recepcionista en ese lugar.
Alejandro enarcó una ceja.
—Entendido. Buen trabajo.
Colgó y estuvo a punto de llamar a Maribel, pero entró una llamada de Leonor de Zavala:
—Tu abuelo ya salió de la casa principal y va en camino. Aunque no lo diga abiertamente, está muy feliz por este paso tan importante en tu vida. Apresúrate a recoger a Jimena, no vayas a llegar tarde.
—¿El abuelo ya va para allá?
—Así es —respondió Leonor, extrañada. Él siempre tenía una audición perfecta, ¿por qué lo hacía repetir?—. ¿Sucede algo más?
Alejandro bajó la mirada.
—No, nada.

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