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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 701

De camino a casa, Alejandro comentó: —Salir con Béisbol resulta bastante agotador.

—Mejor nos quedamos a comer en casa a partir de ahora.

—Ese Salvador... no recordaba que hablara tanto. ¿Por qué se preocupa tanto por ti? ¿Acaso su esposa no le va a hacer un escándalo al llegar a casa?

Sentada en la parte trasera, Lucía acunaba a Béisbol, quien se había quedado profundamente dormido. El pequeño, con el estómago lleno, cerró los ojos apenas subió al auto, escondiendo su carita en el pecho de su madre. —Fue solo una conversación normal.

—Después de todo, éramos amigos en el pasado.

Alejandro dejó escapar una risa grave y baja.

—¿De qué te ríes? —preguntó Lucía, alzando la mirada hacia el hombre en el asiento del conductor.

—¿Amigos con los que pensabas casarte?

El interior del vehículo quedó en silencio por unos momentos.

Lucía mantuvo la vista fija en el adorable rostro de Béisbol sin siquiera levantar la cabeza. —Ya tuvimos un hijo y sigues poniéndote celoso por tonterías del pasado.

Alejandro miró por el espejo retrovisor y preguntó de repente: —¿Desde cuándo empezaste a sentir algo por mí?

Lucía parpadeó, miró por instinto por la ventanilla y respondió en voz baja: —No es buen momento para hablar de esto mientras conduces.

—Quiero escucharlo.

Era algo de hace muchísimo tiempo. Tras unos segundos de silencio, Lucía comenzó a hablar lentamente: —Cuando éramos niños, tú, Gustavo, Lucas y otros chicos del colegio fueron a la montaña, y yo hice un berrinche para que me llevaran. Me cargaste en tu espalda por un rato... pero, al poco tiempo de bajarme, me caí en un foso de casi cinco metros. Me quedé atrapada abajo, llorando. Todos los demás gritaban que había que llamar a la policía y esperar a que llegara un equipo de rescate, pero tú fuiste el único que se deslizó por la pendiente para salvarme.

Las pestañas de Lucía temblaron y su voz adquirió un tono de ensoñación nostálgica: —Supongo que... fue desde ese día.

Alejandro, que mantenía la vista en la carretera, la miró por el retrovisor. La luz en el asiento trasero era escasa y no podía distinguir del todo su expresión, pero sí logró percibir el dolor y la amargura en sus ojos.

El simple hecho de haberlo amado se había convertido, con los años, en algo que la lastimaba profundamente.

Ese pensamiento se clavó en su corazón como el cuchillo más afilado.

Las manos de Alejandro se tensaron sobre el volante mientras un profundo y persistente arrepentimiento lo inundaba.

Capítulo 701 1

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