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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 254

Jimena apretó los puños con frustración y amargura.

En el hospital, la actitud del Ministro Zavala y de su esposa hacia ella había sido completamente glacial; reinó el silencio y no le dirigieron ni una sola palabra de cortesía. Incluso Beatriz Zavala, quien siempre la había tratado con afecto, la ignoró por completo.

Todo el cariño que había acumulado cuidadosamente durante años se hizo añicos en el instante en que su padre cayó en desgracia.

Jimena sentía que el pecho se le oprimía por la desesperación. De no haber sido por los constantes errores de su familia, ella ya sería la mujer más envidiada y feliz de todas.

Su abuela soltó un profundo suspiro y le dijo:

—¡Ve a buscar a Alejandro ahora mismo! No importa lo que tengas que hacer, ¡debes conseguir que nos ayude! ¡Si él mueve sus hilos, tu padre saldrá libre y nuestra familia se salvará!

—Además, si se corre el rumor de que tu padre estuvo en la cárcel, nuestra reputación se irá a la basura.

Tenía razón; Jimena clavó las uñas en las palmas de sus manos.

El problema era que ella nunca le había pedido dinero ni favores a Alejandro.

Siempre había sido él quien tomaba la iniciativa para ayudar a su familia.

Ella sabía perfectamente que cuanto menos exige una mujer, más dispuesto está un hombre a dárselo todo.

Tener que humillarse para rogarle que salvara a su padre hería profundamente su orgullo.

Pero en el fondo, sabía que las palabras de su abuela eran ciertas.

La familia Zavala jamás aceptaría a la hija de un exconvicto.

Pensando en ello, Jimena tomó una bocanada de aire y dijo:

—Veré qué puedo hacer.

...

En cuanto Alejandro puso un pie en la oficina, encontró a Jimena esperándolo afuera de su despacho. Mateo captó la situación de inmediato y se retiró en silencio para no interrumpirlos.

Como de costumbre, Jimena le preparó una taza de café, y cuando él se sentó a revisar unos documentos, se la dejó suavemente sobre el escritorio.

Alejandro levantó la mirada por un segundo y preguntó con tono monótono:

—¿Estuviste llorando?

Jimena se secó una lágrima de la comisura del ojo y negó con la cabeza.

—Alejandro, a mi padre le tendieron una trampa... Fueron los socios comerciales quienes le enviaron a propósito la mercancía defectuosa para incriminarlo.

—Esa empresa ya estaba bajo sospecha desde hace tiempo. Todo fue un complot meticulosamente orquestado.

Él levantó la vista con expresión impasible.

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