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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 240

Lucía le entregó las llaves con una sonrisa, pero Camilo se quedó petrificado mirando el auto.

—¿Qué pasa? ¿No te gusta? —le preguntó, viéndolo tan pasmado. Se puso de puntillas y le revolvió el cabello con cariño.

Para ella, Camilo era como su hermano menor.

Desde que él había llegado a la familia Zavala, prácticamente lo había visto crecer.

Cada vez que le pedía un favor, él lo hacía sin chistar; a veces ni siquiera tenía que decírselo, él simplemente captaba las indirectas y le seguía el juego a la perfección.

Camilo negó con la cabeza frenéticamente, aún en estado de shock, tratando de articular palabra: —Pero... esto es demasiado caro...

—Si te lo doy, es tuyo. Los coches están hechos para manejarse. Ya le pregunté al General Valenzuela y me dio luz verde para regalártelo. Últimamente me has ayudado muchísimo, te lo ganaste.

Además, muy pronto ya no iba a necesitar su ayuda.

—¿De verdad? —Los ojos de Camilo brillaron de emoción—. ¡¿Es en serio?!

—¡Claro! —Lucía le hizo un gesto para que subiera—. Ve a probarlo. Tienes siete días para ir a hacer los papeles y ponerle las placas.

Camilo subió emocionado al asiento del conductor, le pidió a Lucía que lo acompañara de copiloto, y dieron una vuelta por la zona.

—Eres la mejor. Nunca imaginé que una mujer me regalaría algo tan increíble... Se siente genial ser un mantenido. Lo que necesites de mí, solo dímelo.

Lucía soltó una carcajada desde el asiento del copiloto. —Primero llévame a casa.

...

Después de dejar a Lucía en la mansión García, Camilo no perdió ni un segundo.

Se fue directo a hacer los trámites. Como era viernes y volvía a casa, condujo su flamante SUV hasta la residencia de los Zavala.

El imponente vehículo quedó estacionado en el patio.

Cuando el Ministro Ricardo Zavala se enteró de que Lucía le había regalado a Camilo el coche que le dio el General Valenzuela, no pudo ocultar su asombro. —¿Así sin más te lo regaló? Esa chica sí que no escatima en gastos.

Las cosas que regalaban los altos mandos no se podían comprar con dinero; eran un privilegio.

El Ministro Zavala lo sabía muy bien, y nunca imaginó que Lucía tuviera la influencia necesaria para que alguien como el General la valorara tanto.

Camilo se encogió de hombros: —Dijo que era muy alto para ella, que no le gustan los todoterrenos porque es incómodo subirse.

Por un instante, el Ministro Zavala sintió un profundo respeto por ella. —Digna hija de Horacio García... qué mujer tan generosa...

En realidad, ese auto era un símbolo de estatus. Quizá Lucía, siendo una chica joven, no lo entendía del todo... porque de haberlo sabido, difícilmente se lo habría cedido a Camilo.

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