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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 258

Al día siguiente, cuando Isabel se enteró de que Lucía no iría, la llamó de inmediato y le dijo:

—Este restaurante es dificilísimo de reservar, cada plato cuesta una fortuna. Ya que Diego está dispuesto a gastar su dinero, hay que exprimirlo un poco.

Lucía lo pensó un momento.

—Entonces invito yo.

Isabel rodó los ojos del otro lado de la línea.

—Ah, claro, porque te sobra la plata.

Lucía asintió con total seriedad:

—Pues sí, últimamente hemos estado ganando muy bien.

Isabel sintió que le iba a dar un infarto; ella ya se había graduado, pero aparte de vivir a expensas de sus padres, no tenía ingresos reales.

Al mediodía, Isabel llegó primero desde su casa. Jamás imaginó que, al llegar, encontraría nada menos que a la famosa actriz Maribel Quintana.

Isabel tomó aire, jaló del brazo a Diego y le susurró:

—Vaya, no pierdes el tiempo... ¿ya cambiaste a la actriz de segunda por una estrella de primera línea?

Diego le respondió:

—¿De qué hablas? Ella es amiga de Alejandro, él es quien nos invitó.

Isabel dejó de sentir recelo de inmediato; por un momento pensó que Diego se había vuelto un seductor de alto nivel. Si la invitación era de Alejandro, la cosa cambiaba por completo.

Se sentó sonriente frente a la estrella y sacó su teléfono dispuesta a contarle todo a Lucía, pero en ese momento, Maribel cruzó la mirada con ella.

Un solo vistazo fue suficiente para dejarla sin aliento.

La actriz era asombrosamente hermosa; sus rasgos parecían esculpidos, con una nariz respingada, labios carnosos y un aura de estrella inalcanzable cuando estaba seria. Pero al sonreír, sus ojos se curvaban ligeramente en las esquinas, volviéndola cálida y luminosa.

Isabel cambió de plan al instante.

Abrió la cámara de su teléfono, se acercó rápidamente con una sonrisa y preguntó:

—Disculpa, ¿me puedo tomar una foto contigo?

Maribel asintió con suavidad, mostrándose muy amable y cooperativa.

El corazón de Isabel se ablandó; la actriz parecía ser muy dulce. Por alguna razón, le recordó a Lucía, solo que la mujer frente a ella tenía un aire mucho más frío e intocable.

Se tomaron un par de fotos. Isabel retocó una rápidamente y la subió a sus redes; apenas la publicó, los «me gusta» empezaron a lloverle a montones.

En ese momento, Lucía no estaba revisando sus redes. Al entrar al lugar, su mirada recayó de inmediato en Maribel, quien tenía el rostro ladeado y le hablaba en voz baja a su asistente, luciendo un perfil impecable y elegante.

Isabel estaba a su lado, con la vista clavada en el teléfono.

Lucía se quedó congelada; al segundo siguiente, el pánico la invadió por el temor a ser descubierta. Aprovechando que nadie le prestaba atención, se dio la vuelta y echó a correr hacia la salida con pasos nerviosos y torpes.

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