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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 260

—Hay que esperar a Diego —la curiosidad de Isabel estaba al máximo.

Agarró la mano de Lucía con fuerza para que no se fuera.

—¡Quiero ver si su teoría es cierta!

Diego se ausentó un rato, pero no tardó mucho en volver.

—Los guardaespaldas le prohibieron el paso a Jimena, qué cosa tan rara... Tal vez mi imaginación voló demasiado.

—¡Ja! Ahora resulta que de repente se te curó el astigmatismo y la miopía de años. ¿Me sales con eso ahora? ¡Ya sabía yo que no eras de fiar! —Isabel le dio un manotazo—. Con razón tu abuelo, Don Gonzalo, se la pasa quejándose de ti por todos lados; a tu edad no sirves para manejar los negocios, tienes la cabeza en las nubes, haces un desastre con cualquier proyecto serio y en vez de arreglar los problemas, te pones a inventar telenovelas en tu cabeza. ¡Al verte, seguro a tu abuelo le salen canas de pura preocupación!

Diego solo se encogió de hombros.

Si se había equivocado, no le importaba en absoluto.

Lucía pensó que Isabel estaba siendo demasiado dura e intentó calmar los ánimos.

—Ya, ya estuvo bien, ¿ya nos podemos ir...?

Lo único que quería era salir de ese lugar.

De lo contrario, tendría que volver a verle la cara a Jimena.

Pero justo en ese instante, Jimena regresó.

Tenía el rostro pálido; regresó a su asiento en completo silencio y se quedó allí, sola y apartada, desentonando completamente con el ambiente animado a su alrededor.

Todos los presentes intercambiaron miradas, totalmente desconcertados.

Ella era, después de todo, la novia de Alejandro. Alguien de la mesa notó que estaba sola y se apresuró a acercarse para darle algo de conversación y halagarla, tratando de romper el hielo.

Pero considerando el escándalo que atravesaba la familia Jiménez, el trato ya no era tan cálido como antes.

Isabel, que ya no quería irse, se hizo la desentendida y jaló a Lucía.

—Voy al baño un momento, acompáñame.

Cuando entraron, Isabel abrió el grifo del lavabo y dijo:

—Seguro que a Jimena le dieron una buena regañada. ¿Tú qué crees que le hizo?

Lucía negó con la cabeza; no tenía intenciones de hacer suposiciones.

En lugar de eso, le advirtió:

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