Doña Leonor no estaba contenta. La última vez, Lucía la había asustado con esa locura repentina de decir que le gustaba Camilo Zavala.
Pero su marido le había asegurado que solo eran palabras dichas por el enojo del momento y que no debían tomarlas en serio.
Doña Leonor también creía que era así.
A fin de cuentas, la chica siempre había sido sencilla y transparente; era la candidata perfecta para unirse a la familia Zavala.
Así que decidió perdonarla por esta vez.
—Lulú, con las fiestas tan cerca, casi todos los empleados se han ido a pasarla con sus familias. Alejandro necesita un documento y no encuentro a nadie que se lo lleve.
Lucía se quedó perpleja.
No podía distinguir si aquello era una simple excusa de Doña Leonor para juntarla con Alejandro o si realmente necesitaba el favor.
Justo cuando estaba a punto de negarse, Doña Leonor añadió:
—Lulú, tú sabes que tuve un accidente automovilístico y mi marido ya no me permite conducir. Este documento es de vital importancia para la familia Zavala.
Lucía se detuvo a pensarlo.
Después de que Doña Leonor se lo planteara de esa manera, parecía de muy mala educación negarse.
El documento estaba dentro de un sobre amarillo sellado.
Al tomarlo, Lucía le aseguró:
—Se lo entregaré a Alejandro lo más pronto posible.
Doña Leonor sonrió complacida.
—Gracias, qué haría sin tu ayuda.
...
Lucía condujo hasta el edificio del Grupo Zavala.
Hacía mucho que no iba por allí. Las recepcionistas la reconocieron de inmediato; con solo verla sabían que buscaba a Alejandro.
En el pasado, la señorita García acudía a la oficina con frecuencia.
Pero ahora, entre el personal corría el rumor de que el señor Zavala ya tenía novia: una señorita de apellido Jiménez, proveniente de una familia culta y refinada.
Por un instante, la recepcionista no supo si dejar pasar a Lucía.
Lucía, notando su dilema, se apresuró a aclarar:
—Vengo por encargo de la señora Leonor de Zavala para entregar unos documentos. Solo los dejo y me voy.
Al escuchar que era una orden de la madre del jefe, la recepcionista suspiró aliviada y le permitió el acceso sin problemas.
Lucía tomó el ascensor. Al llegar al quinto piso, este se detuvo y entró un grupo de empleados que iban charlando animadamente.
—¿Qué tan increíble debe ser esa señorita Jiménez para haber conquistado al señor Zavala?
—La última vez que vino a la oficina del jefe, subió por el ascensor exclusivo... No saben cómo es, tan dulce pero a la vez muy atractiva, una belleza despampanante.
—El señor Zavala la protege muchísimo, debe ser amor verdadero...


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