Al llegar la noticia del inminente compromiso de Lucas Paredes, Daniela no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas frente a Jimena Jiménez. Su voz estaba cargada de resentimiento e indignación.
—Al fin y al cabo, yo soy la futura cuñada del dueño del Grupo Zavala. ¿Con qué derecho esa secretucha de campo se queda con él?
Sollozó, llena de rabia:
—¿Cómo es posible que Lucas se conforme con una mujer sin clase y sin un buen trasfondo familiar?
Jimena, manteniendo su expresión tranquila, explicó antes de que Daniela pudiera seguir quejándose:
—Hace un tiempo, Lucas fue de viaje al campo, conoció a una chica y se la trajo directamente a vivir con él. Ahora dicen que se van a comprometer. Desde que Daniela se enteró, no ha parado de llorar...
Justo en ese momento, se escucharon pasos. Margarita de Jiménez entró a la habitación al oír el alboroto y, al ver a Daniela lloriqueando, frunció el ceño para preguntar qué estaba pasando.
Margarita también se mostró sorprendida:
—¿De verdad le gusta tanto esa chica?
Un destello de intriga cruzó la mirada de Jimena mientras respondía con calma:
—En la primera reunión a la que la llevó, tuve la oportunidad de verla. En sus facciones y en su aura se parece un poco a Lucía García.
Daniela dejó de llorar de golpe. Abrió los ojos de par en par, atónita, y preguntó ansiosa:
—Jimena... entonces Alejandro, tu novio... ¿él lo sabe?
Jimena esbozó una ligera sonrisa.
—Él ni siquiera le prestó atención. Alejandro jamás se fija en otras mujeres. No mantiene la mirada sobre una mujer por más de dos segundos; de hecho, estoy segura de que ni siquiera se percató del rostro de la novia de Lucas...
Jimena lo había observado bien.
Alejandro siempre estaba inmerso en sus negocios; el trabajo era su prioridad absoluta y jamás se dejaba llevar por pasiones banales. La única excepción a la regla, la única a la que trataba de forma diferente, era a ella.
Al escuchar eso, los ojos de Daniela brillaron de envidia.
Margarita sonrió, sintiéndose aliviada y orgullosa.
Justo entonces, el teléfono de Jimena comenzó a sonar. Contestó con serenidad, y tras escuchar un momento, sus facciones se suavizaron.
Al colgar, dijo:
Doña Beatriz no paraba de sonreír.
—Esta es una noticia maravillosa.
Toda la familia aguardaba con ansias el pronto regreso de Alejandro Zavala.
Pasaron un par de días.
Alejandro finalmente volvió de su viaje y Mateo Vicario fue a recoger a Jimena.
Jimena se puso un elegante vestido entallado y sofisticado que resaltaba su silueta. Llevaba un maquillaje meticuloso, el cabello recogido con delicadeza, y desprendía un aura de serena elegancia.
Bajo la mirada expectante de los Jiménez, subió al coche de Mateo y se marchó.
Al llegar al restaurante, Jimena esperó a Alejandro llena de ilusión.
Por la forma en que los meseros la miraban con reverencia y envidia, probablemente sabían quién había reservado todo el lugar esa noche, pero Jimena ya estaba acostumbrada a eso.
Después de todo, a los ojos del mundo, ella siempre había sido la única dueña del corazón de Alejandro Zavala.

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