—Es mentira.
Durante la comida, Lucía le contó a Isabel todo con lujo de detalles.
La supuesta relación con Camilo Zavala era solo una farsa para ganar tiempo con el compromiso entre las familias.
Al escuchar la explicación, Isabel lo entendió todo, pero apretó los dientes con indignación. Aunque fuera falso, sentía que Camilo no estaba a la altura de Lucía.
—Camilo no es para ti, ten cuidado y no te vayas a enamorar de verdad.
Luego, recordando lo anterior, despotricó de nuevo:
—Esa Jimena sí que sabe elegir. Alejandro es, sin duda, el mejor partido de todo ese grupo. Si yo fuera tú, hace un rato le habría soltado una cachetada. Lulú, has cambiado...
—¡¿Desde cuándo te rindes tan fácilmente?!
Lucía se quedó callada un instante.
En su vida pasada no se había rendido. Había sido posesiva y obsesiva con Alejandro, y como resultado, su familia terminó destruida.
Torció la boca y respondió:
—No me queda de otra, tampoco puedo enfrentarme a ellos abiertamente.
—Bueno, pero podrías hablar con Don Guillermo Zavala... Él es quien más te quiere... —Isabel sentía que en todo el mundo, la única persona capaz de hacer que Alejandro se casara con Lucía era su abuelo.
Lucía negó con la cabeza.
—No. Lo que se fuerza nunca trae felicidad.
—Y ya, por favor, no quiero volver a escuchar nada sobre Alejandro Zavala.
—Está bien... —Isabel pensó que esa sería su última comida juntas antes de Fin de Año y que debían mantener el buen humor, así que no volvió a mencionar el desagradable tema.
En ese momento, el celular de Lucía sonó. Lo revisó y su expresión se volvió pensativa.
...
Todos en el Consorcio García estaban de vacaciones.
Cuando Lucía llegó, el edificio, usualmente lleno de vida, lucía desierto. El piso entero estaba tan en silencio que solo se escuchaban sus propios pasos.
Al llegar al departamento de finanzas, sacó un manojo de llaves y las probó una por una hasta que logró abrir la puerta.
Lucía esperó allí en silencio durante diez minutos.
El pomo de la puerta giró y una joven entró a toda prisa.
—Disculpe, señorita García, había mucho tráfico en el camino.
—Soy yo quien debería disculparse por hacerte venir a esta hora —respondió Lucía, extendiendo la mano para saludar a la joven contadora de la empresa, Sofía Castro.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero