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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 339

Justo cuando Lucía García bajó el último escalón de madera, Alejandro Zavala levantó la mirada desde el sofá. Sus ojos se encontraron, y él esbozó una levísima sonrisa imperceptible.

En ese momento, dos parejas entraron al resort; eran los parientes de Claudio Zarate que acababan de regresar de ver las lavandas. Al ver a Alejandro sentado en el sofá, se quedaron paralizados, con los rostros llenos de total sorpresa.

Al reaccionar, los dos hombres se armaron de valor y se acercaron a saludar con cortesía.

Los ojos de las chicas que los acompañaban se iluminaron al instante.

—Ya que todos se conocen, comamos juntos —dijo la dueña, mientras ella y el personal servían los platillos e invitaban a todos a tomar asiento.

Los hombres le cedieron de inmediato el asiento principal a Alejandro.

Él no lo rechazó.

Poco después, Jimena Jiménez bajó las escaleras luciendo un elegante vestido color crema. Tenía un porte refinado y distante, con facciones muy delicadas.

Al verla, las dos chicas se emocionaron mucho:

—Lo sabía, su novia también está aquí.

Una de ellas no pudo contenerse y dijo de sopetón:

—¡Soy fanática de la pareja que hacen el señor Zavala y usted, señorita Jiménez! Se ven tan perfectos juntos; son mi pareja ideal. Hay muchísimos fans de su romance en internet.

Jimena respondió con elegancia:

—Gracias.

Diego Paredes intervino:

—Bueno, vamos a comer... Alejandro, ¿qué licor vas a pedir? Tenemos un buen whisky de seis años, o un ron añejo de cinco...

Alejandro, mientras respondía unos mensajes en su teléfono, contestó que cualquiera estaba bien.

Lucía, Isabel y Diego se sentaron juntos. El caldo casero de pollo con vegetales frescos de la huerta estaba delicioso; las verduras habían absorbido todo el sabor del caldo, quedando suaves y sabrosas. Lucía tomó medio tazón, pensando en preguntarle a la cocinera la receta más tarde, pues quería preparárselo a su madre y a su cuñada.

Alejandro dejó los cubiertos a un lado y, mirando a las dos chicas, preguntó de repente:

—¿Hay algún fan de mi relación con Lucía García en internet? Me gustaría saber qué opinan de nosotros.

Lucía volvió a la realidad y notó que toda la mesa la miraba con asombro por ese comentario. El corazón de Jimena se hundió de golpe y su rostro palideció.

Diego pensó para sí mismo: "Hombre, ¿ya ni siquiera intentas disimularlo? Lulú, estás en peligro".

Isabel, siendo tan despistada, soltó de inmediato:

—Sí, claro. Mi prima es fanática de ese romance imposible entre ustedes. Incluso tiene un montón de cosas de cuando eran niños...

¡Al segundo siguiente, sintió un dolor agudo en ambos pies al mismo tiempo!

Con el rostro oscurecido, Isabel miró a su izquierda y a su derecha. Diego y Lucía le habían pisado el empeine de cada pie con una rapidez y fuerza letales.

Alejandro inquirió:

—¿Oh? ¿Y cómo se llama tu prima?

—Debe haber algún malentendido...

El corazón de Jimena se encogió. Sabía perfectamente que Mauricio Zarate era el dueño del yate. ¿Eso quería decir que había testigos de lo ocurrido en el barco?

Tenía sentido; después de todo, las personas en ese yate no dejarían que Alejandro muriera de verdad.

Eso significaba que, el que ella lo salvara o no, no tenía importancia.

Si ella no hubiera estado ahí, alguien más lo habría salvado.

Si Alejandro la había dejado por ese motivo, entonces Jimena había sido tratada de forma sumamente injusta...

Antes de que Jimena pudiera seguir pensando, Isabel dio un golpe en la mesa y exclamó furiosa:

—¡Si las cosas son así, entonces que Mauricio Zarate no salga nunca! ¡Lo mejor sería que se pudriera en la cárcel!

El comentario de Isabel fue muy inapropiado. Claudio y Mauricio, aunque no se llevaran bien, seguían siendo familia. Diego y Lucía fruncieron el ceño...

Pero Alejandro pareció estar de muy buen humor y esbozó una leve sonrisa.

Una de las chicas, sorprendida, le preguntó:

—¿De qué se ríe, señor Zavala?

—Se siente bien que te protejan —respondió Alejandro.

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