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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 367

Al llegar el tercer día, la salud de Cristina había mejorado un poco, recuperando gran parte de sus energías, y los gemelos finalmente salieron de la incubadora y regresaron con ellos.

Cuando solo estaban los dos adultos en la habitación, Cristina volteó a ver a Lucía y le preguntó en voz baja: —Ese hombre, Gustavo Beltrán... ¿qué clase de persona es?

Lucía se quedó perpleja, bajó la mirada y murmuró: —Es una buena persona.

—Cuando termine la recuperación del postparto, tenemos que ir a agradecerle en persona —dijo Cristina mientras le daba suaves palmaditas a su bebé. El recién nacido era suave, rosadito y se veía tan tierno que inspiraba puro amor. Luego volvió a dirigirse a Lucía: —¿Me acompañarás?

Lucía dudó un segundo, pero asintió con suavidad: —Sí, claro.

¿Cómo explicarlo? Sentía una mezcla de emociones muy compleja en el fondo de su corazón.

En el momento más crítico y desesperado, quien había dado un paso al frente y salvado a su cuñada fue Gustavo.

Era natural que ella sintiera una profunda gratitud.

Tampoco podía culpar a su hermano; Julio había estado trabajando horas extras, corriendo entre la empresa y la fábrica sin descanso. Ahora que Lucía no estaba yendo a trabajar, él estaba aún más ocupado.

—Cuñada, tú enfócate en tu cuarentena. Cuando te recuperes por completo, te acompañaré a donde quieras ir...

Cristina sonrió con dulzura: —Gracias.

...

La familia García tenía planeado buscar el momento adecuado para visitar a Gustavo y darle las gracias en persona. Sin embargo, antes de que pudieran dar el primer paso, él mismo se presentó en el hospital.

Gustavo miró con ternura a la bebé envuelta en su saquito para dormir y preguntó: —¿Ya eligieron los nombres?

Elena de García había consultado con un adivino, pero aún no se habían decidido.

Con algo de vergüenza, Cristina respondió: —Todavía no.

Con un tono sereno, Gustavo sugirió: —¿Qué les parece si la llaman Adriana?

Fue directa: —Gustavo, te pido que no vuelvas por aquí.

Él guardó silencio por unos segundos, antes de asentir en voz baja: —Está bien. No volveré.

Lucía suspiró aliviada por dentro, pensando que al menos él sabía entrar en razón. Luego, con total seriedad, añadió: —Hay algo más. He decidido echar a toda la familia de Jimena de Puerto Coral, ¡y espero que no intentes detenerme!

Al escuchar eso, Gustavo frunció el ceño de golpe, pero antes de que pudiera pronunciar palabra, Lucía dio media vuelta y volvió a entrar a prisa.

Esa misma noche, Lucía se acercó a Julio y le aconsejó con tono serio: —Julio, no te concentres solo en los niños, también tienes que prestarle más atención a Cristina. Cuando una mujer da a luz, sus hormonas se descontrolan, se vuelve mucho más sensible y frágil. Es cuando más necesita la compañía y el cariño de su esposo.

Julio miró a su esposa que dormía plácidamente en la cama y respondió en un susurro: —Lo sé, lo tengo muy claro.

El problema era que los asuntos entre la oficina y la fábrica lo tenían absorbido; estaba agotado y apenas le quedaba tiempo libre.

Lucía lo tranquilizó: —Ya estoy casi recuperada del todo. A partir de mañana volveré a trabajar.

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