Entrar Via

Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 373

¿Cómo iba Jimena a irse así sin más? El dolor y la desesperación la desbordaron, y olvidándose de todo el decoro, dio un brusco paso al frente y abrazó a Alejandro Zavala con todas sus fuerzas. Con la mejilla apretada contra la ropa de él, sus ahogados sollozos se escaparon suavemente, rebosantes del amor y la agonía que no podía soltar.

—Alejandro, no me quiero ir... Quiero quedarme aquí esta noche.

Mateo Vicario estaba atónito. La Srta. Jiménez siempre había sido tan distante y altiva, nunca antes había llorado de esta manera, y mucho menos había sido tan lanzada.

Alejandro mantuvo los brazos abiertos y le dirigió otra mirada a Mateo.

Mateo no tuvo más remedio que acercarse rápidamente, sin atreverse a demorarse. Le palmeó suavemente los brazos a Jimena, que rodeaban con fuerza la cintura del hombre. —Srta. Jiménez, por favor.

Incapaz de seguir forcejeando y con el corazón lleno de tristeza, Jimena soltó a Alejandro. En ese instante, adoptó una expresión de obstinación, se secó las lágrimas con frialdad y dijo: —Disculpen la molestia.

Mateo sacó a Jimena de la Finca de La Luz a la fuerza.

Al llegar a la casa de los Jiménez, Margarita de Jiménez vio desde el segundo piso que el auto que traía a su hija era el de Alejandro, y de inmediato se sintió muy feliz.

Bajó las escaleras y no pudo evitar presionar con el tema del matrimonio.

—Llevas tanto tiempo hablando de matrimonio con Alejandro, ya es hora de que se casen. Mira a Julio García, hasta sus hijos ya nacieron.

—Estas cosas, mientras más las arrastras, peor es. Ten cuidado, si no aseguras pronto a Alejandro, alguien más te lo va a quitar.

En ese momento, solo la abuela sabía sobre la ruptura, así que Jimena, que estaba de mal humor, respondió con brusquedad: —Si eso pasa, no hay nada que pueda hacer. ¿Acaso puedo obligarlo a que se case conmigo?

Margarita se quedó boquiabierta. ¡Nunca pensó que Jimena tuviera tan poca influencia sobre Alejandro!

Cuando Jimena regresó a su habitación, el solo pensar que en ese mismo instante había una mujer oculta en las sombras riéndose de ella y actuando con total descaro, le provocó una inmensa humillación.

Un odio abrumador se agitó en su interior, y ese corazón que durante días había sido desgastado hasta casi la apatía, sintió de pronto un dolor agudo y punzante.

Al escuchar esto, el rostro de Julio se llenó de sorpresa y consternación; frunció el ceño profundamente y su tono se tornó incrédulo. —Lulú, ¿de dónde sacaste semejante locura? No andes haciendo especulaciones sin sentido.

Su tono delató un toque de disgusto: —Yo soy un hombre íntegro, jamás he cruzado la línea con ninguna otra mujer. Menos mal que no preguntaste esto en la casa... Si Cris lo llega a escuchar, se armaría un problema de la nada.

—Lo siento —dijo Lucía, comprendiendo de golpe que todo había sido una trampa puesta deliberadamente por Alejandro. Era muy probable que, para cuando Julio despertó, Maribel ya se hubiera escabullido.

Su hermano ni siquiera le había visto la cara.

El hecho de que Maribel hubiera arriesgado su propia reputación y estatus solo para ayudar a Alejandro, dejaba claro que ella sentía por él algo mucho más profundo de lo que Lucía había creído.

Saliendo de sus pensamientos, Lucía miró a Julio con seriedad y le advirtió: —Julio, por favor, nunca más vuelvas a tener ningún tipo de contacto o relación con esa mujer.

Julio no entendía por qué se preocupaba tanto por algo inexistente, pero asintió con resignación y aceptó su advertencia sin darle más vueltas.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero