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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 44

Sabía perfectamente para quién había comprado Alejandro aquella tiara.

En su vida pasada, Jimena le había arrebatado todo.

Y ahora, el ciclo parecía repetirse.

Pero daba igual. En este momento, ella tenía prioridades mucho más críticas.

—Lulú... —la voz de su padre resonó detrás de la puerta de la habitación.

—De acuerdo, lo dejamos hasta aquí. Sigan trabajando. —Lucía apagó el monitor rápidamente.

A Horacio le resultaba sumamente extraño que su hija se encerrara en casa durante las festividades. Desde Navidad y ahora en fin de año, no había pisado la calle. En el pasado, Lucía enloquecía con estas fechas; se la pasaba de fiesta con sus amigos y buscaba cualquier excusa para pegarse a Alejandro y su grupo.

Sin embargo, últimamente, mientras él estaba en casa, Lucía no salía de su habitación. Horacio sentía en el fondo de su pecho que algo en su niña había cambiado profundamente.

—Dime, papá —Lucía se levantó al verlo entrar y esbozó una cálida sonrisa—. ¿Ya empacaron para el viaje?

—Tu madre ya tiene todo listo —respondió Horacio—. Lulú, ¿por qué no vienes con nosotros? Si compramos tu boleto ahora, todavía hay tiempo.

—Será para la próxima, papá.

Lucía hizo el amago de tomar a su padre del brazo, pero en ese instante, el celular del hombre comenzó a vibrar. Horacio le dio unas palmaditas en el hombro y se retiró a su despacho para contestar.

A la hora de la comida, Julio llegó a casa para reunirse con ellos.

—¿Tú hiciste la publicación en las redes de la empresa? —le preguntó Julio en voz baja.

—Sí.

—¿Y contra quién, exactamente, estamos declarando la guerra?

Julio era quien habitualmente manejaba las relaciones públicas del grupo.

Horacio, observando a sus hijos secretearse, frunció el ceño con preocupación.

—Lulú, si tienes algún problema, sabes que puedes confiar en mí.

—No tengo nada, papá —respondió Lucía con genuina confusión.

Elena también lucía desconcertada. En los últimos días, su hija no había hecho ninguna rabieta; la había acompañado pacíficamente a la visita en la mansión de los Zavala y se estaba portando de maravilla.

—Horacio, ¿qué ocurre?

—Me acabo de enterar que estuviste subastando tus joyas y bolsos, Lulú —confesó Horacio. Al parecer, la llamada que había recibido antes era del chismoso que se encargó de darle el reporte detallado.

Capítulo 44 1

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