Lucía se quedó completamente pasmada y soltó sin pensar: —¿Acaso Verónica Valdés no estaba con Alejandro...?
—No es Verónica, es su hermana —explicó Paola lentamente—. Leticia Valdés tiene un carácter puro y dócil, además de ser muy dulce y saber cocinar muy bien. Escuché a mi papá decir por teléfono que Leticia iba todos los días al Grupo Montero para llevarle comida y cuidarlo. Luchó mucho hasta que logró conquistar a Salvador, y finalmente están juntos.
Paola hizo una pausa y añadió con cautela, no del todo segura: —Creo que ya es un hecho. Últimamente vi a mi papá encargando a varias personas que buscaran casas para recién casados. No conozco todos los detalles, pero es casi seguro.
Lucía sintió que la cabeza le daba vueltas.
Los cuidados diarios y cariñosos de esa mujer eran algo que ella nunca le había brindado... Quizás fue ese calor humano lo que terminó conmoviéndolo. Lo único que Salvador Montero siempre anheló fue una calidez que pudiera tocar con sus propias manos.
—¿C-cómo fue que se conocieron?
Había pasado muy poco tiempo desde que se vieron por primera vez.
—Creo que fue Alejandro quien los presentó.
Un dolor sordo e intenso se apoderó de su pecho, extendiéndose de manera abrumadora por todas sus venas. El color abandonó poco a poco el rostro de Lucía, dejando solo un vacío desconcertante.
Al ver la reacción de Lucía, Paola preguntó extrañada: —¿Qué... qué tienes?
Lucía no le prestó más atención a Paola y entró a su casa como un alma en pena.
...
Al día siguiente, Lucía le pidió a alguien que averiguara sobre la situación de Salvador.
Las noticias no tardaron en llegar. Después de que el Grupo Montero reconociera al hijo mayor, hace dos meses, le organizaron una cita a ciegas con la segunda hija de la familia Valdés. Desde que Leticia conoció a Salvador, no dejó de visitarlo a diario en las oficinas del Grupo Montero.


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