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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 48

Los gritos de apoyo resonaron por toda la sala.

Julio, que ya esperaba esa reacción, dibujó una sonrisa cargada de sarcasmo. —Mis padres están de viaje. No hay necesidad de molestarlos con esto, yo tengo la autoridad para tomar esta decisión.

Esta gente... el verdadero problema era que se les había consentido demasiado, y por eso ahora su avaricia no tenía límites.

Y encima tenían el descaro de querer ir a llorarle a sus padres para que castigaran a los hermanos.

Al escuchar la firmeza en la voz de Julio, la sala se volvió un completo caos. Se amontonaron frente a él, exigiéndole explicaciones a gritos.

—¡Joven Julio, no puede ser tan malagradecido!

—¡Yo casi lo vi crecer! ¿Cómo me va a dejar sin trabajo a mi edad? Tengo esposa e hijos que mantener, ¿es que la empresa no puede tener un poco de consideración...?

La voz de Julio se alzó por encima del alboroto: —Fabiola, como directora financiera, tu sueldo es de quince mil pesos. Dime, por favor, ¿cómo logras pagar casi un millón de pesos anuales por el colegio internacional de tus dos hijos con ese salario?

Pero nadie quería escuchar.

Alguien aprovechó el caos para llamar directamente a Horacio García.

A Julio casi le arrancan el traje a tirones.

Al ver la situación, Lucía sacó su celular. —Ya que no están de acuerdo, llamaré a la policía.

—¡No, no llame a la policía! —gritó Fabiola, la directora financiera, con la voz temblorosa—. Un escándalo afectaría la reputación de la empresa, ¡no lo haga!

Pero apenas terminó de hablar, se escuchó el claro aullido de unas sirenas acercándose.

Alguien se asomó por las grandes ventanas de cristal de la sala y volteó a ver a Lucía con incredulidad. —¡¿De verdad llamaste a la policía?!

Varias patrullas se detuvieron justo frente al edificio del Consorcio García.

De inmediato, el ruido en la sala desapareció. El silencio fue ensordecedor.

Aquellos con la conciencia más sucia se quedaron blancos como el papel, sin poder creer que Lucía hablara tan en serio.

—Si en media hora no he salido de esta sala, di la orden de que la policía intervenga —dijo Lucía con frialdad—. Todos ustedes son veteranos. Pueden elegir firmar su renuncia voluntaria y llevarse algo de dinero, o pueden elegir subirse a una patrulla... En la familia García, respetaremos lo que decidan.

—¡Tú...!

—Señorita de recursos humanos —continuó Lucía, sin molestarse en mirarlos, dirigiéndose a la gerente del área—, traiga las cartas de renuncia.

Ese día, el Consorcio García despidió a más de diez personas.

Capítulo 48 1

Capítulo 48 2

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