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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 52

Ese fue el trágico final del Consorcio García.

¡Ese fue el precio que pagó ella por enamorarse del hombre equivocado!

El Presidente García se quedó sentado, petrificado. Esperaba que su hija se sintiera culpable, no que le lanzara un reclamo ahogado en lágrimas.

—Lulú, las cosas no son tan graves...

—¡No! ¡Son peores de lo que te imaginas! El consorcio no necesita a esa clase de basura.

»Si no extirpas esos tumores, la empresa jamás sanará.

—¡Golpéame si quieres, papá! —Lucía se dejó caer de rodillas a los pies de su padre—. ¡Pero si vas a dejar que esa gente regrese, mejor mátame a golpes de una vez!

Al recordar la miseria de su vida pasada, Lucía apretó los dientes y se aferró a su decisión.

Llorando amargamente desde el suelo, le suplicó: —¡Por favor, papá, te lo ruego!

Horacio tenía toda la intención de reprender duramente a su hija, pero ante aquella escena, las palabras murieron en su garganta.

El bullicio de la planta baja, que hasta hacía unos momentos se escuchaba hasta arriba, se había apagado por completo. Finalmente reinaba el silencio.

Con la voz quebrada, Lucía insistió: —Si todo este negocio se maneja a base de compadrazgos, los verdaderos expertos en tecnología nunca van a querer quedarse aquí. ¿Por qué crees que el Grupo Zavala es tan poderoso? ¡¿Crees que Alejandro Zavala contrata a sus tíos y primos para que manejen su empresa?!

Momentos antes, cuando Julio salió del despacho, había dejado la puerta emparejada. Alejandro Zavala simplemente extendió la mano, tocó un par de veces, y la puerta se abrió. Lo primero que vio fue a Lucía arrodillada en el suelo; un destello de genuina sorpresa cruzó su mirada, habitualmente fría e inescrutable.

—¿Alejandro?

Lucía se tensó por completo. Volteó la cabeza bruscamente y vio a Alejandro de pie en el umbral, envuelto en un silencio solemne.

Su figura era imponente y alta; sus ojos fríos la observaban con una mezcla de superioridad y desdén.

Por un instante, Lucía sintió que dejaba de respirar.

Se secó las lágrimas de golpe, apretó los puños, se levantó con la ayuda de su padre y salió a toda prisa de la oficina. Al pasar por su lado, Alejandro se hizo a un lado para dejarla salir.

Él volteó a mirarla mientras se alejaba. Notó cómo bajaba la cabeza, dejando al descubierto su delicada y hermosa nuca, que parecía tan frágil que podría romperse con un solo apretón.

—Alejandro, ¿qué te trae por aquí a estas horas?

Alejandro desvió la mirada y observó a Horacio. —Mi padre me pidió que viniera a ver si la familia García necesitaba algún tipo de apoyo.

Capítulo 52 1

Capítulo 52 2

Capítulo 52 3

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