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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 541

Lucía guardó silencio unos segundos antes de asentir suavemente: —Está bien.

Estaba cansada de aquel interminable tire y afloje. Ya no quería alargar más la situación.

De inmediato, Doña Leonor sacó su celular, hizo una llamada y, al colgar, le indicó a Lucía: —Mañana por la mañana iremos al centro de registro de la propiedad para hacer el traspaso. No le demos más vueltas al asunto.

—¿Se puede firmar por internet?

Lucía no quería volver a verlo.

—Es mejor que vayas en persona. Descuida, ya están a punto de tomarse las fotos de boda. Cuando él toma una decisión, no se echa para atrás. No volverá a molestarte.

—De acuerdo —Lucía bajó la mirada, aceptando. Se puso de pie—. Doña Leonor, tengo cosas que hacer. Me retiro.

Leonor no esperaba que Lucía fuera tan dócil y que aceptara tan fácilmente.

Justo cuando la joven se daba la vuelta, Leonor la detuvo, con la voz teñida de incomprensión: —Lulú, ¿por qué hiciste todo esto?

Lucía se giró levemente y le devolvió la pregunta con frialdad: —¿No era usted la que siempre prefirió a Jimena?

El rostro de Doña Leonor se llenó de incredulidad y decepción: —¿Solo por eso le guardas tanto rencor a toda nuestra familia? ¿Incluso cuando Alejandro cambió de actitud, te negaste a aceptarlo? Olvídalo. No tiene caso seguir hablando. Puedes irte...

Lucía no se molestó en dar media explicación más. Abrió la puerta y salió del reservado.

...

A la mañana siguiente, en el salón del registro de la propiedad.

Lucía le había pedido a Julio que la acompañara. Doña Leonor y su administrador ya estaban allí. Todos esperaban a que Alejandro llegara para firmar las escrituras del terreno.

Alejandro, abrumado por el trabajo, se retrasó. Después de casi una hora de espera, finalmente apareció, impecable en un traje oscuro y caminando con paso firme por el salón.

Al verlo llegar, Lucía bajó la mirada inmediatamente hacia los documentos que tenía en las manos.

Bajo la supervisión del personal, se verificaron los trámites y ambos firmaron en sus respectivos espacios.

Al terminar, Alejandro se levantó, le tendió la mano a Julio, le dio un rápido apretón y se marchó sin más preámbulos.

En ningún momento su mirada se cruzó con la de Lucía.

Incluso cuando estaban esperando a que los empleados ingresaran los datos, con Lucía sentada justo a su izquierda, él se limitó a mirar su celular con expresión gélida.

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