Dentro del auto, Lucía García no pudo resistir más el agotamiento y cayó en un sueño profundo.
Al llegar a casa, Patricio Zúñiga se movió con extremo cuidado; la tomó en brazos y caminó hacia el interior del apartamento, dejándola descansar en una de las habitaciones.
Cuando regresó a la sala, unos fuertes e insistentes golpes retumbaron en la puerta principal.
Patricio frunció el ceño, se acercó a la entrada y preguntó:
—¿Quién es?
Desde afuera se escuchó la voz furiosa de Mónica Luna:
—¿Por qué trajiste a Lucía García a este lugar? ¡¿Qué le hiciste?!
Patricio abrió la puerta y, con tono sereno, le respondió:
—Solo está durmiendo.
Mónica trató de mirar ansiosamente hacia el interior del apartamento mientras le reclamaba:
—En lugar de llevarla a su casa, ¿te la traes a tu apartamento?
—Ella misma me dijo que, por el momento, no quería regresar a su casa.
Mónica entró hasta la habitación y comprobó que, efectivamente, Lucía estaba profundamente dormida en la cama. No tuvo más remedio que volver a la sala, clavando una mirada afilada en Patricio.
—¡Más te vale que no tengas intenciones oscuras! ¡Ni se te ocurra tratar de arruinar el romance de Lulú y Ale!
Patricio se mostró impasible: —No tengo idea de lo que estás hablando.
Mientras tanto, en la exclusiva clínica privada.
Alejandro Zavala estaba pálido como la muerte, apretando con fuerza el documento de consentimiento quirúrgico. De pie frente a la Dra. Carolina, aún vestido con el impecable traje de la conferencia de prensa, preguntó con la voz quebrada:
—¿Cómo está ella?
La Dra. Carolina lo miró fijamente a los ojos, con expresión neutral, y, cumpliendo la promesa que le había hecho a Lucía, respondió:
—La intervención ya concluyó.
—Seguimos estrictamente el protocolo de acuerdo a los deseos de la paciente.
Alejandro sintió que el corazón se le desprendía del pecho.
En ese instante, supo con certeza que lo había perdido todo.
El bebé que crecía en su vientre ya no existía, y Lucía García jamás volvería a ser suya.
El director de la clínica, que estaba a su lado con un evidente nerviosismo, reprendió a la Dra. Carolina:

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