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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 560

—Cuando llegué aquí, ya no había nadie.

Lucía se quedó congelada, y en ese instante recordó que hoy era el día en que debían vacunar a los mellizos.

Y en cuanto a la cocinera, seguramente había salido a hacer las compras.

Alejandro Zavala frotó con extrema suavidad los pálidos nudillos de ella. Su mirada estaba cargada de una infinita angustia cuando le preguntó en voz baja:

—¿Aún te duele el cuerpo?

Lucía retrocedió un paso, fingiendo no entender de qué le hablaba.

—No sé de qué estás hablando.

Los ojos de Alejandro se oscurecieron, y sin rodeos, desarmó su mentira:

—Estabas embarazada de mi hijo... y fuiste al hospital a deshacerte de él.

Mónica Luna ya le había advertido a Lucía que Alejandro se había enterado de todo.

En su trayecto hacia casa, Lucía no tenía ni idea de cómo iba a lidiar con eso.

Afortunadamente, su pasaporte ya estaba listo, así que su plan era tomar el primer vuelo y huir del país sin tener que darle la cara.

Pero lo último que esperaba era encontrárselo parado en medio de su sala.

—Tenemos que hablar —le dijo él con voz profunda. De pronto, extendió los brazos, la atrapó y la estrechó contra su pecho—.

—Dime, Lucía... ¿tanto me odias? ¿De verdad fuiste capaz de arrancarte a nuestro hijo?

—¿Todo porque cuando fuiste a la Finca de La Luz no me arrodillé a suplicarte y lamerte los zapatos? ¿Por eso mataste a nuestro bebé?

Al ver su cuello delicado, sintió el impulso primitivo de morderlo. Conocía cada rincón de su cuerpo y podía sentir claramente cómo ella se tensaba en sus brazos.

Pero entonces recordó las palabras de Lucas Paredes.

Ella quería un hombre tierno, estable, que supiera protegerla y comprenderla.

Y ella misma se había arrojado a los brazos de Patricio Zúñiga.

Alejandro cerró los ojos y, con un esfuerzo sobrehumano, ahogó sus instintos más despiadados.

—Vamos a cuidarte para que te recuperes, ¿sí? Y más adelante, volveremos a tener otro bebé.

Apenas terminó la frase, un sonido agudo y seco cortó el aire.

Lucía le cruzó el rostro con una bofetada cargada de rabia. Sus ojos se llenaron de lágrimas en un instante y su voz salió rota, temblando por el pánico.

—En mi otra vida me casé contigo, y me despreciaste tanto que me echaste a los brazos de Lucas Paredes.

—¿Crees que me voy a casar contigo para vivir ese infierno otra vez?

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