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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 612

Paola no pudo quedarse quieta y se fue a curiosear a la sala de cine, dejando a Lucía y a Salvador solos en los sofás de la sala de estar.

Salvador dio un sorbo al té que acababa de servirle el personal y posó su mirada en el rostro de Lucía. Con tono sincero, comentó:—La Finca de La Luz es muy tranquila, ideal para llevar tu embarazo en paz.

Lucía levantó la vista hacia él.—Mhm.

La actitud de Salvador era completamente transparente y respetuosa; no cruzó ninguna línea.—Sin importar lo que digan los demás sobre tu matrimonio con Alejandro, para mí siempre serás la mejor. Cuídate mucho y que ese bebé nazca sano y fuerte.

—Gracias —sonrió Lucía. Ya estaba acostumbrada a escuchar esas palabras de cortesía.

Los ojos de Salvador seguían viéndose cálidos y claros.—No hay de qué. Ya se hizo tarde, así que no te interrumpo más. Dejaré que Paola se quede haciéndote compañía un rato y yo me retiro.

En realidad, solo había venido para traer a su hermana. Salvador sabía perfectamente lo posesivo que podía llegar a ser Alejandro Zavala, así que no era prudente quedarse demasiado tiempo en su territorio.

Además, Paola quería quedarse un rato más explorando la casa.

—Está bien —asintió Lucía sin insistir.

En el pasado, podían pasar horas hablando de cualquier cosa. Pero el tiempo había cambiado todo; ella ahora estaba casada y esperando un hijo, y él también tenía a su propia prometida. Sus vidas habían tomado rumbos distintos, y aquella complicidad que alguna vez compartieron se había desvanecido.

Caminaron juntos hacia la salida de la villa. Al llegar a los escalones de piedra, Salvador se detuvo de pronto y preguntó en voz baja:—El bebé ya va a cumplir cuatro meses, ¿no?

El rostro de Lucía se iluminó un poco.—Sí, justamente hoy cumple los cuatro meses.

—Procura mantenerte feliz durante todo el embarazo —dijo él con amabilidad—. No hace falta que me acompañes más lejos, me voy por mi cuenta.

Lucía asintió suavemente.—De acuerdo, ten cuidado en el camino.

Salvador la miró por última vez antes de dar media vuelta, subirse a su auto y marcharse.

Lucía regresó a los sofás de la sala. Desde la sala de cine se escuchaba la voz clara de Paola cantando; tenía buen tono, resultaba bastante agradable escucharla. Lucía acarició su vientre abultado y sonrió, susurrándole a Béisbol para que él también disfrutara de la melodía.

Poco después, Paola salió de la sala de cine tarareando. Al no ver a su hermano, preguntó confundida:—¿Mi hermano ya se fue?

—Sí, te dejó aquí para que me hicieras compañía —respondió Lucía, cambiando de tema—. Has estado cantando un buen rato, debes tener sed, ¿no?

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