Por la tarde, Alejandro regresó a la empresa para encargarse de una montaña de pendientes y no llegó a la Finca de La Luz hasta altas horas de la noche.
Se lavó en silencio, procurando no hacer ruido, y al meterse en la cama, su brazo buscó por instinto a Lucía para rodearla con suavidad.
Durante la primera media hora, solo se escuchó el ritmo constante de sus respiraciones.
Pero entrada la madrugada, Lucía se hundió en una pesadilla. En su mente se repetía una y otra vez el momento de su vida pasada en el que Jimena la empujó por las escaleras.
—¡Ah...!
Una sensación aguda de asfixia la hizo temblar violentamente. Se despertó de golpe, sentándose en la cama con la frente empapada de sudor frío.
Alejandro encendió la lámpara de noche, se acercó a ella y la envolvió en sus brazos, con cuidado de no presionar su vientre. Empezó a acariciarle la espalda rítmicamente para tranquilizarla. —¿Qué pasó?
—Ella me empujó.
Un llanto ahogado e incontrolable escapó de su garganta, y sus ojos se llenaron de lágrimas al instante.
Alejandro se tensó. —¿Quién te empujó y cómo?
Lucía hundió el rostro en su cuello. —En las escaleras de la Residencia Zavala... Ella me empujó cuando estaba embarazada y perdí a Béisbol...
Alejandro la abrazó con más fuerza, protegiéndola contra su pecho cálido. —¿Por qué te empujaría?
—Porque está loca, no quería que Béisbol naciera. Si él nacía, todos sabrían que era tuyo y se descubriría la farsa de que ella fue quien te salvó en el mar...
Alejandro bajó la cabeza y depositó un beso suave sobre su cabello húmedo por el sudor. Apretó el abrazo, pero manteniendo su vientre a salvo. —¿Y en ese entonces no vivíamos en la Finca de La Luz?
Los ojos de Lucía se enfriaron y volvió a la realidad de golpe. —¿Cómo ibas a casarte conmigo y comprar esta casa para mí? Esta casa la compraste para Jimena, y ahora yo estoy viviendo aquí... qué pena me da...
—No digas tonterías —la interrumpió Alejandro—. Cuando compré esta casa, ni siquiera pensaba en casarme.
—Eres un mentiroso...
—No te estoy mintiendo —dijo él con voz muy baja y un tono de absoluta resignación, apoyando su frente contra la de ella—. Cuando adquirí la Finca de La Luz, no la preparé para nadie en especial, y mucho menos para Jimena.

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