—¡Paola, ven a sentarte! —Una de las compañeras tiró de ella, llevándola hacia el sofá, justo frente al pastel finamente decorado.
Paola preguntó con voz rígida: —¿Quién encargó este pastel?
—Fue Micaela.
—¿Qué pasa? ¿No te gusta? Micaela estaba segurísima de que te encantaría.
Paola esbozó una risa nerviosa y forzada, aferrándose a un último hilo de esperanza: —Cuando lo pidieron... ¿no vieron a nadie sospechoso merodeando?
Lucía tenía que haber estado escondida en algún rincón de la pastelería, ¿verdad?
Sí, eso tenía que ser. Era una maniática obsesiva.
Antes se la pasaba acosando a su primo Alejandro. Adonde iba él, ella lo seguía para fingir que se habían encontrado "por casualidad".
—Solo estábamos Micaela, el empleado y yo. Además, Micaela fue quien eligió el diseño. ¡Ay, ya, Paola, pide un deseo que el pastel se va a derretir...!
—¡Vengan, vamos a cantarle!
Alguien se levantó y apagó el interruptor principal. El salón VIP quedó sumido en la oscuridad total.
Micaela se sentó pegada a Paola, reduciendo la distancia entre ellas de manera inquietante.
Paola sintió que un frío paralizante le recorría la piel, y los vellos de la nuca se le erizaron al instante.
Tenía a una compañera a la izquierda y a otra a la derecha. Se sentía atrapada, acorralada, con el maldito pastel frente a ella.
El grupo de amigos comenzó a cantar las mañanitas, pero la tonada alegre se clavaba en sus oídos como una sentencia de muerte.
—Pide un deseo.
El silencio cayó de golpe sobre la habitación. Todos esperaban, con sonrisas dibujadas en el rostro, a que la protagonista soplara las velas. Paola temblaba de pies a cabeza, los dientes le castañeaban como si la hubieran bañado con agua helada. De repente, sus pupilas se dilataron y un grito desgarrador, lleno de pánico, rompió el ambiente.
Alguien encendió las luces rápidamente.
El pastel estaba destrozado. Las manos de Micaela estaban cubiertas de crema... y de sangre.
Paola, fuera de sí por la furia y el terror, agarró a Micaela por las muñecas: —¡¿Qué te hice?! ¡¿Por qué querías hacerme esto?!
Las demás chicas palidecieron al instante: —¿Qué está pasando?
—¡¿Qué hiciste?!
Con una patada, Paola volcó la base del pastel, y del interior del bizcocho cayó al piso una pequeña y afilada navaja.
El impacto de la escena dejó a todos paralizados del terror.
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