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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 625

Gustavo se apoyó en el auto. Las sombras de la noche hacían que sus facciones lucieran afiladas y despiadadas. —¿Crees que cuando Jimena despierte de la cirugía, te apuntará a ti o me apuntará a mí?

Antes de que Lucía pudiera responder, él continuó aplastándola con la realidad: —Alejandro sabe muy bien que cuando Jimena despierte, lo más seguro es que te eche toda la culpa. Y aun sabiendo eso, se encargó de mantenerla con vida. Dime, desde el principio hasta el fin, ¿alguna vez pensó seriamente en tu situación?

Lucía enterró las uñas en las palmas de sus manos: —Me voy a divorciar. Cuando nazca mi bebé, me divorciaré.

La mirada de Gustavo se volvió helada: —Ese hijo tuyo no debería existir en este mundo. En la vida pasada él no existió, ¿por qué forzar las cosas ahora?

—Pero él sí fue real... —la voz de Lucía tembló y sus ojos se empañaron de lágrimas—. En mi vida pasada sufrí demasiado cuando lo perdí, un dolor tan insoportable que ya no quería vivir. ¿Por qué en esta vida tendría que volver a sufrir ese tormento de perderlo?

Gustavo lo tenía muy claro. Solo había una oportunidad para reescribir el destino, pero en el momento crucial su corazón se había ablandado y dejó pasar la ocasión. Se maldecía por dentro; odiaba que, durante el banquete, ella no se hubiera quedado a descansar en el segundo piso y hubiera decidido ir al tercero. De haber estado en el segundo piso, jamás habría detenido a Jimena.

Una caída del segundo piso solo terminaría con el bebé, pero desde el tercero hubiesen sido dos muertes.

Gustavo apretó el ceño y aplastó con fuerza el cigarrillo entre los dedos. Recuerdos desordenados de su niñez comenzaron a aflorar sin que pudiera detenerlos.

Antaño, nunca hubo paz en su hogar. Sus padres peleaban a todas horas por las amantes y los hijos ilegítimos. Los gritos diarios lo tenían hastiado.

Una vez, una chiquilla alzó su carita hacia él y le preguntó con dulzura: «Lindo, ¿estás bien? ¿Por qué estás llorando?»

Él respondió de mala gana: «Mis papás no dejan de pelear porque dicen que mi papá tiene un hijo de otra mujer».

La niña lo miró con inocencia: «¿Ese hijo que pelean tus papás es muy caro? Lulú te compra uno. Lulú tiene mucho dinero ahorrado».

Dicho esto, rebuscó en sus bolsillos. A él la situación le pareció absurda y se dispuso a marcharse.

De pronto, al sacar la mano, unos dulces cayeron al piso. A ella se le iluminaron los ojos, se agachó a recogerlos y le ofreció: «Toma un dulce, comer dulce te hará feliz».

Sumido en su irritación, él la rechazó con frialdad: «No me gustan los dulces».

Pero la niña desenvolvió el caramelo por su cuenta, se puso de puntitas y se lo metió directamente a la boca. Su vocecita resonó con alegría en la cabeza de él: «A Lulú no le gustan mucho los dulces normales, pero estos de naranja saben muy bien. Pruébalo, ¿te gusta?»

Capítulo 625 1

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