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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 628

A Alejandro se le fueron las ganas de seguir peleando. Desolado, regresó a la casa de la familia García y entró a la habitación.

La habitación estaba tenuemente iluminada por una luz de noche en la mesa de noche. Lucía dormía plácidamente de lado, con sus largas pestañas posadas en sus mejillas y el vientre redondo. Su rostro transmitía una paz y una dulzura abrumadoras. Él no podía asimilar lo que esa mujer tan maravillosa había tenido que pasar en la vida anterior.

En esa otra vida, él mismo la apartó y la empujó a los brazos de otro hombre.

Esa imagen le rondaba por la cabeza una y otra vez, torturándole los nervios.

Alejandro se apoyó en el borde de la cama, abrumado por un aluvión de emociones que ya no pudo contener. Inclinó la cabeza y besó los labios de su esposa con furia.

Era un beso que rebosaba de una posesividad casi obsesiva, desbordando fuerza. Movió los labios con ímpetu, exprimiendo hasta la última gota de aliento en una especie de asalto agónico.

Lucía se despertó con el beso. Encogió el cuello, e instintivamente, se hizo hacia atrás ante la gigantesca silueta de Alejandro.

Alejandro todavía recordaba bien la promesa que ella le había hecho a Gustavo.

Ella había dicho que se divorciaría una vez naciera el bebé.

Alejandro, apretando el puño con fuerza sobre las sábanas al lado de ella, apoyó su frente contra la suya. Respiraba de manera irregular, su aliento tibio rozando el rostro de ella mientras murmuraba con voz enronquecida: —Lucía, nadie va a separarnos, ni siquiera tú.

Al decirlo, se percató de que la mirada que asomaba por debajo de sus pestañas todavía estaba nublada por el sueño.

—Cia... —trazó las facciones de su rostro con la vista, con sus ojos encendidos examinándola desde tan cerca—. ¿Me prometes que no volverás a mencionar el divorcio?

Una cálida ola se desató en el pecho de Lucía, pero no entendía qué pasaba. ¿Por qué él estaba tan inquieto en mitad de la noche? Tenía los ojos rojos, ¿acaso había estado llorando?

Alejandro se montó en la cama y se quitó la camisa, revelando un pecho fuerte y salvaje, repleto de músculos formidables.

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