—Si te sigues quedando en casa de tu familia, mis padres pensarán que no tenemos dónde vivir —bromeó.
Alejandro posó la mano con ternura en su cintura. —La seguridad en la Finca de La Luz es mucho mejor que aquí. Hay guardias vigilando todo el tiempo; nadie se acercará para molestarte ni a ti ni a nuestro hijo. En el día, trabajaré, pero en la noche, te acompañaré todo el tiempo. Y si llegaras a tener pesadillas, podré despertarte y cuidarte. ¿No es mucho más cómodo que vivir con tus padres?
Lucía bajó la cabeza y murmuró: —¿No puedes irte tú solo?
—¿Qué impresión daríamos? Somos marido y mujer.
En ese momento, sonó el teléfono de Alejandro. La soltó un momento para contestar. Era un empleado del departamento de sistemas. Como la llamada tardaría por un tema de trabajo, Lucía agarró su pijama y se metió a bañar.
Tras colgar, Alejandro regresó a la habitación. Su mirada se posó en la gargantilla decorativa que estaba en el tocador. La levantó y examinó con atención la rosa tallada en ella. Presionó con los dedos en el centro del capullo y, empujando suavemente, extrajo una cámara minúscula del tamaño de un grano de arroz desde el interior.
Alejandro miró de reojo la puerta del baño y sacó del maletín un equipo del tamaño de una palma que servía para decodificar señales, el cual contaba con batería y receptor integrado.
En cuestión de segundos, la pequeña placa base se iluminó. Encendió su computadora portátil y el sistema comenzó a escanear automáticamente hasta conectar con el pequeño lente. La imagen apareció en la pantalla.
En el teléfono se reprodujo la grabación. Durante la escena en el restaurante, al principio no se captó la agresión de Jimena porque Lucía le estaba dando la espalda, pero cuando ella se giró, quedó registrado exactamente el momento en que Gustavo arrastraba a Jimena hacia el balcón y la empujaba al vacío.
A Alejandro ya no le sorprendía en absoluto aquella escena. Adelantó el video hasta la parte en la que él se estaba bañando y Lucía se escapaba por la puerta trasera para verse con Gustavo.
Las heladas palabras de Gustavo se escucharon nítidas:
"Si yo fuera tú, abortaría al bebé para liberarme por completo y empezar una nueva vida".
"Ese hijo tuyo no debería existir en este mundo. En la vida pasada él no existió".


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero