Tras decir eso, el doctor volvió a entrar al quirófano.
Fuera del quirófano, Alejandro se quedó paralizado. Su rostro palideció y la sangre de su cuerpo pareció helarse al instante.
La desesperación lo envolvió por completo. En su mente no dejaban de dar vueltas los peores escenarios y una infinidad de pensamientos aterradores lo invadieron.
Si perdía a ese bebé...
No solo perdería a su hijo, también perdería a la mujer que amaba.
Lucía llevaba mucho tiempo queriendo dejarlo y solo se había resignado a quedarse a su lado por culpa del embarazo.
El inmenso pánico derribó por completo sus defensas emocionales. Su cuerpo se tambaleó y, perdiendo el control de sus piernas, cayó pesadamente de rodillas sobre el frío suelo.
Durante su vida, Alejandro había cometido muchas crueldades. En el mundo de los negocios nunca había mostrado piedad, había destruido innumerables empresas rivales y había provocado que muchas familias lo perdieran todo de la noche a la mañana, creyendo estar siempre preparado para afrontar el karma de sus acciones. Pero si ese castigo recaía sobre su bebé prematuro, era algo que jamás podría aceptar.
—¡Hermano!
—¡Señor Zavala! —Mateo se asustó al verlo caer.
Leonor, que acababa de llegar, vio a su hijo mayor arrodillado rígidamente. Entre la angustia y el dolor, se apresuró a intentar levantarlo: —Alejandro, ¿qué haces? Levántate...
Noel se unió rápidamente a Leonor y Mateo para ayudar a sostenerlo.

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