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Tres años después, tu arrepentimiento me da risa romance Capítulo 2

Rodrigo levantó la mano, y sus dedos rozaron suavemente la comisura de los ojos de Viviana.

—Viviana, sabes perfectamente que en aquel momento tenía las manos atadas. ¿De verdad vas a odiarme el resto de tu vida por una decisión imposible?

«Claro, las manos atadas...», pensó ella.

Viviana bajó la mirada, esbozando una sonrisa cargada de cinismo.

Durante el medio año que pasó internada en el hospital, las visitas de Rodrigo se podían contar con los dedos de una mano.

Mientras ella era sometida a más de diez dolorosas cirugías, él estaba ocupado celebrándole el cumpleaños a Quinn.

Cuando ella lloraba de agonía durante las interminables terapias de rehabilitación, ¿dónde demonios estaba Rodrigo?

La sonrisa de Viviana se desvaneció, dando paso a una expresión de puro hastío.

—Rodrigo, nosotros ya nos divorciamos hace tiempo. No tiene sentido que sigas acosándome de esta manera.

Rodrigo se quedó petrificado. Aquella no era la respuesta que esperaba.

Había imaginado mil escenarios sobre cómo sería su reencuentro. Pensó que ella se mostraría resentida, que le reclamaría llorando a mares.

Pero nunca, ni en sus peores pesadillas, imaginó tanta frialdad.

En los ojos de Viviana solo había apatía y cansancio.

Rodrigo apretó los labios; su rostro se oscureció de inmediato.

Hace tres años, cuando ella desapareció sin dejar rastro, él asumió que necesitaba espacio para sanar, así que le dio todo el tiempo del mundo.

Pero habían pasado tres largos años. Incluso si se trataba de un berrinche, ya había durado demasiado.

Se negaba a creer que ella hubiera enterrado sus sentimientos con tanta facilidad. Si fuera capaz de olvidar tan rápido, no lo habría perseguido enamorada durante más de una década.

No entendía qué más quería de él.

Sin embargo, la mujer que tenía frente a sí le resultaba una completa desconocida.

Tan distante que ni siquiera sabía cómo hablarle.

La mirada de Rodrigo se volvió afilada.

—Viviana, ¿acaso no podemos hablar como adultos? ¿Por qué siempre tienes que ser así? Lo hacías cuando éramos niños y lo sigues haciendo ahora.

—Yo jamás firmé esos papeles de divorcio. No estamos separados. Legalmente, sigues siendo mi esposa.

Capítulo 2 1

Capítulo 2 2

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