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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 105

Con los ojos inyectados en sangre, Luciano clavó la mirada en el rostro inexpresivo de Hanna.

Su rostro ovalado lucía una tez luminosa y perfecta.

Durante el tiempo que habían estado separados, su rostro no dejaba de atormentarlo. Apenas cerraba los ojos, su imagen inundaba su mente.

Al principio, se engañó a sí mismo pensando que era un simple berrinche, que se le pasaría y volvería a casa como siempre.

Así había sido durante los últimos ocho años. Nunca había amenazado realmente con dejarlo.

Sin importar lo frío o distante que él fuera, a los pocos días ella siempre terminaba cediendo y pidiéndole disculpas.

Pero en ese preciso momento, Luciano sintió el pánico real de perderla para siempre.

Y por primera vez entendió que no podía vivir sin ella.

Con Rocío nunca había sentido algo parecido. Para él, Rocío le había salvado la vida, y corresponderle con lujos y caprichos era su deber. Pero si la desterraban del país, no sentiría pánico ni angustia; a lo mucho, desearía que aprendiera la lección, que dejara de ser tan estúpida y que le fuera bien.

Si no volvía a ver a Rocío en su vida, no le importaba en lo absoluto.

Pero si perdía a Hanna... no sabía qué sería de él.

Luciano negó con la cabeza, dio un paso hacia ella y, con la garganta apretada, dijo:

—No. No me voy a divorciar. Hani, no voy a firmar el divorcio.

—Hani, me estás malinterpretando. Claro que siento cosas por ti. Ese día lo dije por despecho, te lo juro, fue solo rabia del momento. No soy la basura que crees que soy. Hani...

Luciano intentó tomarle la mano:

—Hani, no me hagas esto. No me voy a divorciar de ti, no quiero hacerlo. Si fui indulgente con Rocío fue por otras razones, pero lo que siento por ti...

Apretó la mano de Hanna y sintió sus dedos helados, tan gélidos como la mirada que ella le dirigía.

—Tú eres mi verdadera esposa, mis sentimientos por ti son reales. Sé que te fallé en el pasado, pero no volverá a pasar. Hani, dame una última oportunidad. No me dejes.

Rocío, que seguía arrinconada, tembló de pies a cabeza. Al asimilar lo que acababa de escuchar, dio media vuelta y huyó aterrorizada.

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